La política ha dejado de ser comunicación

Los debates políticos han llegado a tal extremo que más bien parecen peleas barriobajeras. En los mismos predominan más la discusión porque sí que buscar argumentos para encontrar soluciones a los conflictos. Ha llegado a tal extremo los enfrentamientos de los políticos españoles que la imagen de los mismos está quedando muy dañada. ¿Qué credibilidad pueden dar estas personas que se insultan sin argumento alguno? ¿Este es el mensaje que quieren trasladar desde el Parlamento a la sociedad que les mantiene para que vivan a costa del erario?

Imagen de Pedro Sánchez y Pablo Casado durante una sesión de control al gobierno en el Congreso. FOTO: Europapress

Esa verborrea donde las descalificaciones toman un sobresaliente protagonismo no hace más que permear a unos ciudadanos que en los próximos meses tenemos dos citas electorales. Lo peor de todo no es lo que dicen, sino qué queda de ello. Cuando se echen a la calle a pedir el voto ¿qué programa intentarán vender a la ciudadanía para que confíen en ellos?

No hay más que ver la televisión (telediarios, programas de actualidad o tertulias políticas) oír la radio o leer los periódicos para darse cuenta que la política está muriendo. Los partidos, y especialmente los asesores de los propios políticos, se han dado cuenta que lo que vende no es otra cosa decir la mayor barbaridad para llegar al posible votante, a un elector que cada vez está más segmentado debido a las apariciones de las nuevas formaciones, y ahí están los líderes para dejarse notar sacando a relucir su impronta, o como algunos lo llaman, extremismo.

Se dice que la comunicación política es  “una disciplina de la ciencia política y de la comunicación, que se ocupa de la producción, la difusión, la diseminación, y de los efectos de la información, tanto a través de los medios de comunicación masivos, cuanto de los interpersonales, en un contexto político”. ¿De verdad es esto lo que oímos todos los días?

Agumenta Nuria Maña que en comunicación política “lo importante no es lo qué se dice, sino cómo se dice”. El cómo ha pasado de ser la moderación y la educación en la mayoría de los casos a la impronta y el insulto sin que para ello se pasen filtros. Cuando lleguen las elecciones se quejarán de la escasa participación y el abstencionismo. No hay más que ver el hartazgo de los que les mantienen en sus poltronas.

Maten al mensajero

Rafael Catalá. www.mjusticia.gob.es

Se pueden imaginar cómo se me quedó el cuerpo cuando leí ayer por la tarde la noticia en la que el ministro de Justicia, Rafael Catalá, quiere “abrir un debate” para sancionar a los medios que filtren informaciones judiciales sometidas al secreto del sumario. Hoy, con algo más de reflexión debido a la tormenta que se formó por sus declaraciones, dice el buen hombre que lo que ha hecho es sólo referirse a este tema porque “las autoridades europeas están elaborando una directiva de presunción de inocencia”, y que se aprobará este año casi con toda seguridad. Esto es, en pocas palabras matar al mensajero. Ya lo decía Carlos Alsina en Onda Cero esta mañana: “Rafael Catalá se tiró a una piscina si agua”

Catalá, quizás, ha dejado de tener en su haber el beneplácito de las siglas a la que representa como alto cargo del Gobierno de España que es, porque hasta sus propios compañeros han tachado la apertura de ese debate de una verdadera locura. Si nos ponemos quisquillosos se le puede sacar apunta a este asunto con un tema que le ha salpicado de manera considerable, cuando la Agencia Tributaria se llevó detenido al ex vicepresidente Rodrigo Rato sin que Rajoy tuviera la más mínima idea de lo que estaba ocurriendo en la casa y en las oficinas del ex mandamás de Bankia y exdirector del FMI.

El titular de la cartera de Justicia se ha llenado de gloria ante tan peculiar debate. Hoy, como no, había que preguntarle a la candidata a la alcaldía de Madrid Esperanza Aguirre. A la marquesa, más que disgustarle el tema, le pone bastante, porque ese cuerpo a cuerpo es el que le gusta a tan peculiar personaje de la política nacional.

Si les digo la verdad no sé con qué interés han soltado esta bomba, y que le ha explotado en las manos a Catalá.  Parece que el Partido Popular no tiene bastante con controlar los medios de comunicación que tiene a su alcance (como el resto de los partidos políticos hace con los que quedan) que ahora quiere privar el derecho a informar libremente, un derecho que está recogido en la Constitución española.

Filtrar informaciones judiciales está mal, pero cuando se refiere al rival está bien utilizado. ¿O es que Catalá no sabe que ha sido su propio partido el que ha ido filtrando todo lo relacionado con los ERE de Andalucía? Eso, más que matar al mensajero es utilizarlo a favor de uno. ¡Qué asco de política!

El periodista y el camarero: y como la vida sigue igual

No voy a negar que haya llegado un poco tarde a dar mi opinión sobre esta bonita historia, y de lo que realmente significa luchar cada mañana con los obstáculos que nos encontramos en nuestras vidas. Descubrí el vídeo de El periodista y el camarero gracias al libro de Marta Franco y Miquel Pellicer, Optimismo para periodistas. Claves para entender los nuevos medios de comunicación en la era digital. En el mismo, los autores reflejan cómo hay que reinventarse y reciclarse cada poco tiempo para estar a la vanguardia de una profesión que no está pasando por su mejor momento. En él se hace mención al documental citado con anterioridad, donde en poco más de cinco minutos muestra la vida de un joven que tiene que dejar de lado eso por lo que tanto ha luchado: el periodismo. Charlie Nelson dirigió esta magnífica pieza que tiene como único protagonista a Nacho Chaparro, ese periodista que se tuvo que reconvertir en camarero para sobrevivir.

Mi admirado Pablo Herreros hizo en su día un análisis muy acertado del documental,  donde expone un punto de vista que, tres años después, sigue estando igual o peor que entonces. Digo pero porque yo también he sufrido, como muchos compañeros, el no poder ejercer esta profesión por la que tanto he luchado. Eso sí, los brazos no los he bajado aún ni pienso decaer en poder seguir viviendo del periodismo.

Hay quién dice también que este vídeo demuestra la sobrecualificación para desempeñar un puesto de trabajo. Eso es algo que nos hemos ido ganando a pulso. El tiempo ha dado la posibilidad a mucha gente de prepararse para ser competitivos en la vida laboral, pero esa cualificación no ha servido para garantizarse un puesto de trabajo acorde a la formación de cada uno.

También los hay, y no se muerden la lengua al decirlo, “que hemos vivido por encima de nuestras posibilidad”, algo con lo que no estoy nada de acuerdo, porque si ha habido alguien que haya vivido de esa manera es que otros lo han permitido; véase, por ejemplo, aquellos anuncios de bancos donde te daban más de lo que realmente necesitaba. Ésa ha podido ser una de las aristas por la que estamos sufriendo esta maldita crisis. El periodismo no ha vivido ajeno a ello, aunque gracias a esta profesión, conocemos casos de cómo unos cuantos de hijos de puta se lo han llevado crudo, y nos ha llevado a pasar por un océano sin salvavidas alguno.

Ojalá ese chico del vídeo haya encontrado un puesto de trabajo acorde a su formación, así como un camarero cualificado se haya hecho cargo de la vacante dejada por el periodista, porque nunca esta profesión será una mala elección.

Encuestas de votos. ¿A quién creer?

Seguro esta pregunta que encabeza este post de hoy se la han hecho más de una vez. También los hay que manifiestan que “una encuesta sobre estimación de votos es una foto fija del momento y de la que no hay que fiarse, porque la mejor encuesta de todas se verá el día de las elecciones”. No me negarán que los que se dedican a analizar cuestiones políticas tienen salida para todo. Vale, estamos de acuerdo que las encuestas no son más que el estado de ánimo que en ese momento tenga el encuestado, y sin hacer ningún estudio sociológico previo que el que tiene la intención de votar unas siglas el día que le preguntan por ello, no va a cambiar de estrategia el día que tenga que introducir el sobre con la papeleta el día de las elecciones.

iniciativadebate.org

Otra de las curiosidades sobre las encuestas está en los datos que publican unos medios y otros; si tiene tendencia de izquierdas o de derecha. Vamos a poner algunos datos para comprobar. Dicen que la encuesta más fiable de todas es la que publica el CIS , que durante el año realiza varios sondeos en los que además de conocer a quién o a qué siglas votará usted, destaca los gustos y costumbres de los españoles (pregunta 19, página 38). Luego están las que de manera privada realizan los distintos medios de comunicación. Si vemos la que hace pública un periódico como El País, nada tiene que ver con la publicada por el CIS o cualquier otro medio, sobre todo del otro lado político, pongamos como ejemplo La Razón.

Siguiendo con este particular estudio, vamos a tomar otras dos referencias de medios de comunicación escritos. De un lado El Mundo, que sin ser progresista, ofrece datos que nada tienen que ver con el publicado por ABC. Cierto es que hay dos meses de diferencia entre uno y otro, pero lo que nos interesa realmente es el resultado en cuestión. Si entrar de lleno en detalles, ¿cómo es posible que según el medio, las encuestas sean favorables a uno u otro partido? Se supone que las empresas se encargan de realizar los trabajos eligen a los encuestados de manera aleatoria, ¿o no?

Para que no tengan mucho que pensar, un reportaje realizado por El Confidencial hace algunas semanas destacan lo que les acabo de contar. ¿Cómo es posible que exista hasta diez puntos de diferencia de un medio a otro cuando la pregunta es tan fácil (o complicada) a qué partido votará usted en las próximas elecciones generales.

Ahora entra en escena eso de “la cocina”. ¿Qué es la cocina? La mayoría responderíamos a ese lugar donde se hace de comer, pero en términos sociológicos la cocina no es más la manipulación de esos datos. Es decir, a usted o a mí, un día nos llaman por teléfono de alguna empresa que se dedica a realizar estimación de votos y le damos una respuesta concreta. Pues que sepa que esa respuesta y ese voto que usted pueda tener preparado para el día de las elecciones pueda pasar a otra formación a la que no votaría nunca, y esa elección queda sin efecto alguno. Es decir, que con todo esto, si la empresa que hace el trabajo cuando “cocine” los datos se irá a un lado u otro. Echen la vista atrás un momento. ¿Por qué cuando las encuestas son para El País la “cocina” hace que el voto vaya hacia Podemos y si la hace ABC va al Partido Popular? Eso se llama Cocina, a lo que añado que quién paga el estudio tendrá los datos a favor. Esto último no es más que una apreciación muy particular.

Podemos se entrega a su público

No voy a negar que me he permitido dedicar parte de mi tiempo para ver, escuchar y leer un buen puñado de argumentos se han descrito durante el día de la multitudinaria asamblea de Podemos que está celebrando en Madrid. Sin duda alguna ha sido una experiencia agradable independientemente de la ideología política que pueda tener. Me ha marcado considerablemente la sentencia que realizó su líder, Pablo Iglesias, argumentando que si no prospera su idea de partido se retirará para dejar paso a la otra, al parecer con más sentimiento popular y que promulga en también eurodiputado Pablo Echenique.

Asamblea de Podemos en Vistalegre. Foto: www.europapress.es

Si algo bueno tiene esta experiencia de Podemos es su sistema asambleario, donde la voz real de la calle tiene el verdadero peso político que tanto promulgan los políticos profesionales, y que ningún partido pone en práctica. Siento admiración por Podemos y por Pablo Iglesias especialmente, dado que su presencia en este sector ha dado un aíre más fresco a la política nacional. No me cabe duda alguna que lo que ha logrado (y está consiguiendo) Podemos se debe principalmente a Iglesias y al grupo que está tras él. No creo que vaya a sorprender a nadie el discurso que hasta ahora ha mostrado éste, pero me descuadra notablemente que su figura pueda salirse de esos ideales que están creando tantas personas que confían ciegamente en su persona.

Sería un error mayúsculo y de consecuencias casi inexplicable que Pablo Iglesias, en caso de que su propuesta de liderazgo no saliera adelante, abandone esa primera línea cuando lo más coherente sería un diálogo para lograr un consenso. Si Podemos no tiene al frente a Pablo Iglesias, entonces sí que sería una catástrofe para la organización. Muchos, por no decir la totalidad de los que siguen a Podemos, es, principalmente, por el mensaje que transmite un tipo que ha roto con el estereotipo del político. Tampoco quiero pensar que ese mensaje lanzado por Iglesias ha sido una amenaza para encumbrar aquel viejo dicho de estás conmigo o contra mí, porque si ha sido así, no está jugando un partido limpio. Los resultados no se conocerán hasta que no finalice el proceso de votación que se celebrará entre los días 20 y 26 de octubre.

Política y políticos

Antes de reflexionar quiero pedir disculpas por estar justo un mes fuera de órbita. Algo de tranquilidad en familia y observar culturas distintas a la mía me han llevado a realizar un impasse que ha durado más de lo que me hubiese gustado. En mi intención nunca ha estado olvidarme de este rincón donde expreso unos pensamientos comunicativos visto desde mi particular atalaya.

Pablo Iglesias. Foto: www.elpais.com

No sé si será una percepción personal, el caso es que desde hace algunas semanas la información política en este país ha aumentado considerablemente pese a que estamos inmersos en la época estival. Además, este artículo escrito por Borja Ventura en Yorokobu hace unos días me ha servido como hilo conductor para retomar la costumbre de bloguear.

Dice Ventura que votamos poco y mal (que además darle título a su post en la publicación creativa y filosófica) y no es más que una percepción que se ha generacionalizado hace un buen puñado de años. Además de votar poco y mal, el ciudadano de a pie, usted y yo, nos hemos olvidado de cuál es la verdadera misión cada vez que nos acercamos a las urnas a echar el sobre con la papeleta escogida.

El hartazgo de ejercer un derecho ha propiciado un conformismo inexplicable en un amplio sector de la ciudadanía por un lado, y por otro, que emerjan nuevos grupos donde muchos se ven identificado. Me refiero a Podemos, que lidera Pablo Iglesias. Este profesor universitario se ha convertido en todo un fenómeno social, y al que apenas unas semanas le han bastado para enemistarse con un sector de La Casta (como él llama a los partidos políticos tradicionales) y con periodistas asiduos a tertulias televisivas.

Me llamó la atención ayer en el programa La Sexta Noche el diálogo que Iglesias y la presidenta del PP madrileño, Esperanza Aguirre, mantuvieron a consecuencia de la denuncia interpuesta por el primero ante las palabras que esbozó la ex presidenta de la comunidad de Madrid hace unos días sobre si Iglesias apoya o no los ideales de la banda terrorista ETA.

Debo reconocer que me resultó interesante el diálogo (en algunos momentos de besugos) que mantuvieron ambos. No me cabe la menor duda que Podemos sabrá rentabilizar al máximo una conversación, a mi parecer, no dejó en buen lugar a la veterana política, pese a que los dos, en ningún momento, contestaron las preguntas que se hacían mutuamente. Estrategia política y de despiste, lo llamo yo.

Decía Aguirre que irrupción de Podemos ayudará al PP porque así divide aún más a la desfragmentada izquierda en este país. No le falta razón a la señora, pero que no se olvide, y es algo que está probado, que cuando hay elecciones sea cual sea el calibre, la derecha en España (la de verdad) sale en masa, papeleta en mano, a echarla en la urna correspondiente. La izquierda, es más reacia, es verdad, de ahí esa división, pero nunca ha dejado de perder su identidad. Además, y es una apreciación muy particular y personal, que el favor (muy flaco, por cierto), se lo están haciendo los propios dirigentes de la formación que está ahora en el gobierno a su propio partido, así que no descarten que, en unas próximas elecciones, Podemos, si aún continúan, den una nueva sorpresa.

Periodismo servil

Seguro que alguna enemistad me puedo crear cuando el lector haya visto de sopetón el titular que hoy destaco en este post, aunque mi intención no es otra que crear un sano debate sobre el periodismo que hoy nos rodea y que está, por desgracia (o por necesidad) en las instituciones. Esas dos palabras tienen una justificación, y no es otra que el tweet de mi profesora Sonia Blanco sobre las intenciones que pretende el candidato a la alcaldía de Málaga por el Partido Andalucista Javier Checa, un personaje que tiene su propio periódico on-line.

La intención del que fuera alcalde de la localidad jiennense de Torredonjimeno y ex mandatario del club de fútbol de esa ciudad es loable, respetuosa y muy digna. Colocar a un profesional de la comunicación titulado al frente de un gabinete de prensa en una institución sería lo lógico, y creo que algo que predomina en líneas generales, pero este discurso da un giro considerable cuando esta persona, por el hecho de que haya sido colocado por una organización política, cambia totalmente su rol y se convierte en un siervo más de quién, a final de mes, le abona el sueldo que lleva a su casa. Créanme. Sé de lo que hablo.

Quién me conoce sabe que me llevo dedicando a esta bendita profesión hace dos décadas. Sí, es cierto, no estoy titulado, pero mi experiencia me ha hecho ver tantas cosas que puedo hablar con conocimiento de causa de las atrocidades que hacen las organizaciones políticas cuando llega al poder. Durante más de diez años he trabajado lo más dignamente que he podido en la radio y televisión pública de Marbella. En más de una ocasión observé situaciones sangrantes, y tuve que  hacer cosas que va en contra de los principios del periodismo. Pese a todo, aguanté haciendo de tripas corazón y sintiendo vergüenza de lo que realizaba con tal de llevar el sueldo a casa. El pago por ese trabajo fue un despido que se produjo el pasado 4 de diciembre. He puesto el ejemplo de esta empresa, y que puede ser extrapolable a cualquier medio de comunicación público o gabinete de prensa (o de comunicación público) de este país. Por desgracia las noticias como tal pasan a un segundo o tercer plano, y el que toma protagonismo es el personaje que está alrededor de la misma.

Este razonamiento me lleva a cuestionarme ¿qué periodismo tenemos y queremos? Está claro que el que pretende el que paga, que al fin y al cabo es el que impone unas reglas de juego que si quieres aceptas de reniegas de ella. Tampoco el periodismo que conocemos en los medios tradicionales es que esté mucho mejor que el que acabo de describir, aunque ahí se disimula un poco más, salvo excepciones. Los periódicos, las emisoras de radio y las televisiones están gestionadas por macroempresas que, a su vez, están a merced de lo que el poder fáctico les dicta, esa misma autoridad que tienen unos pocos y que hacen y deshacen como quieren. No hay más que echar un vistazo a un periódico, oír una emisora de radio o ver cualquier canal de televisión generalista para darse cuenta que el mensaje que están transmitiendo está llevado a un terreno que no es el de todos, es el terreno de cada medio propone. Eso sí, después todos enarbolan la bandera de la imparcialidad.

Una vez aprendí que para hacer juicios de valor en esto del periodismo hay que contar con al menos dos versiones. Leer, escuchar o ver una misma noticia en dos plataformas distintas es un ejercicio muy sano para sacar conclusiones propias, y aun así, siempre quedan dudas.

House of Cards: Como la vida misma

Hace algunas semanas hice una pequeña y particular incursión en la crítica cinematográfica con la película Ocho apellidos vascos, y la verdad es que me sentí muy cómodo exponiendo mis gustos sobre la cinta, obra que se ha convertido en la más taquillera de cine español. Hoy quiero dar un paso más y argumentar mi parecer de una serie que está rompiendo moldes: House of Cards.

Cierto es que hasta un par de meses no sabía que existía. La profesora Sonia Blanco (de la que ya he comentado en más de una ocasión en este blog) nos ha hablado durante sus clases  de esta singular serie y de la plataforma en la que estaba siendo emitida. Al igual que no sabía nada de la serie, también desconocía que era Netflix y, sinceramente, ambas cosas han sido un descubrimiento muy especial para mí. Decir que Netflix, en pocas palabras, es un portal de internet en el que se pueden ver series a demanda. Es decir: todos los capítulos de la serie en cuestión están a disposición del abonado y, si quiere ver uno, dos o tres del tirón lo puede hacer, o como si quiere visionarse toda la temporada de principio a fin si levantarse del sofá. En España sólo la podemos ver por Canal+.

He de decir que la serie que protagoniza Kevin Spacey ha cubierto todas las expectativas que tenía sobre ella. Sin destripar el argumento, no se puede negar que es un puro retrato de lo miserable que puede ser la política, la ambición y el poder. Todo tiene una relación considerable cuando, capítulo a capítulo, se entrelazan tramas que nos hacen mantenerla tensión.

Salvando las distancias, House Of Cards nos puede dar una aproximación muy exacta de nuestra política, la más doméstica que tengamos o bien desde el prisma que el lector quiera. Imagínense a Bárcenas, los EREs, el intento de la privatización sanitaria, Gürtel o la propia Operación Malaya, cualquier caso de corrupción elevado a la máxima potencia, y todo, con los tres elementos principales citados con anterioridad.

También es cierto que la serie aporta una visión -y con la que el espectador debe hacer su propia crítica- en que la corrupción es algo que se da por hecho, que se justifica, y que cualquier elemento es válido para conseguir lo que uno se proponga. En definitiva, que un personaje de perfil bajo sea capaz de lograr todo el poder a base de mentiras, engaños y manipulación. Créanme: como la vida misma.

¿Hasta dónde puede llegar la imaginación de los políticos? O asesores, perdón

Sin que sirva de precedente, vamos a jugar a la política ficción, término que más de una vez he oído en mi vida y no logro ponerle nombre a quién lo dijo. Ahora que está próxima las elecciones europeas, ¿se imaginan que un actor o actriz tipo Schwarzenegger, Tom Cruise o Sharon Stone pidiendo el voto para Cañete (PP) o Elena Valenciano (PSOE)? No le den más vueltas a la cabeza más porque puede producirse. Les pongo en antecedente. Este artículo que he leído en Marketin Directo prueba que ideas como estas pueden llevarse a cabo. Angela Merkel no ha tenido una mejor ocurrencia para llamar la atención de los electores germanos, que los dobladores de Bruce Willis y Julia Roberts sean los que pongan las voces para pedir el voto para la formación de esta mujer que, más que gobernar su país, se ha hecho con el dominio del resto de Europa, incluida España.

Reconozco que la idea, más que ingeniosa, es malévola, y es que todavía hay gente que es capaz de creer que estos personajes se prestan a ello. Dicen los que están al día de la política que las elecciones europeas que se celebrarán a finales de mayo será la que más abstención tenga de todas las que se han celebrado hasta el momento. ¿Razón? El descontento del pueblo llano con quién nos gobierna, de ahí que se tengan que inventar acciones de este tipo para llamar la atención del votante.

Traslademos esa idea a nuestro país y juguemos a formar parejas; personaje relevante con el político de turno pidiendo el voto a esas criaturas que acuden a espacios destinados para tal fin.

Miguel Arias Cañete (PP) vs Arnold Schwarzenegger.
Elena Valenciano (PSOE) vs Bruce Springsteen.
Willy Meyer (IU) vs Fidel Castro o su hermano Raúl.
Pablo Iglesias (Podemos) vs Hugo Chavez (DEP) o en su defecto, Nicolás Maduro.
Hervé Falciani (Partido X) vs Julian Assange.
Elpidio José Silva (Movimiento RED) vs Baltasar Garzón. (Entre jueces anda el juego)

Esto ha sido una pequeña licencia que me he permitido sin querer molestar a nadie, pero como está el patio, mejor tomarse este tipo de historias con algo de filosofía. Con esto, lo único que quiero decir es que la imaginación no tiene límites, y cualquier cosa es buena para intentar llegar a un electorado que cada día que pasa cree menos en la clase política, sobre todo en una época en la que aparecen nuevos partidos y formaciones hasta debajo de las piedras. Para las próximas elecciones europeas, nada menos que cuarenta y un partidos y coaliciones se presentarán en busca de una representación parlamentaria en el espectro continental; desde los tradicionales hasta los inimaginables. Si no me creen, échele un vistazo al BOE como servidor ha hecho para lograr sacar algunos de los nombres que he detallado en la pequeña relación que realizado con anterioridad.

Ocho apellidos vascos, y el cine español

No puedo negar que ayer me divertí como un niño viendo la película Ocho apellidos vascos. La sala estaba casi llena pese a que lleva una semana en cartelera. Más que por la promoción en sí, el éxito se debe fundamentalmente al boca a boca. Desde que se estrenó, ha sido raro el día que no me haya cruzado con alguien o haya oído a terceros hablar la misma, y todos esos comentarios han sido totalmente positivos.

La historia, a mi entender, hace una crítica profunda a las etiquetas y estereotipos que hasta hace poco teníamos de nosotros mismos. Un argumento valiente, seguro, y que es capaz de echar por tierra todas esas comparaciones que nos hacían a unos mejores que otros. Ese mensaje, al menos en la sociedad, creo que ha cambiado, salvo cuando unos cuantos quieren hacernos a entender que lo mejor para salvaguardar la patria es la unidad, pese a que provoque el efecto contrario.

Lo más significativo del mensaje que la historia quiere trasladar es que se hace con un humor inteligente, con gracia, y que no molesta a nadie. Al menos, a día de hoy, no me he encontrado con ningún vasco (y cada día me cruzo con unos cuantos) que le haya molestado ese papel que se difunde. Ni yo como andaluz, tampoco, porque ambos conceptos están tan exagerado que provoca nos riamos de todo.

Creo que es la primera vez en mi vida que hago crítica a una película, y me he sentido tan a gusto que no descartaría volver a repetir la experiencia. Con esto no quiero decir me vaya a dedicar a esto de hacer comentarios para que otros tomen nota y me hagan caso. La crítica está en cada uno y en como quiera gestionar sus gustos. Ante todo respeto. Cuando uno va al cine a ver una película lo hace por gusto, y no por obligación. Alguna que otra vez he leído críticas de películas que luego me han parecido todo lo contrario. Con esto no quiero decir que lo haya descrito en este post sea doctrina. Ni mucho menos. Ha sido una visión muy particular de una película con la que me he divertido como hacía tiempo que no lo hacía. Ahora, para gustos, los colores, y estos son los míos.