La política ha dejado de ser comunicación

Los debates políticos han llegado a tal extremo que más bien parecen peleas barriobajeras. En los mismos predominan más la discusión porque sí que buscar argumentos para encontrar soluciones a los conflictos. Ha llegado a tal extremo los enfrentamientos de los políticos españoles que la imagen de los mismos está quedando muy dañada. ¿Qué credibilidad pueden dar estas personas que se insultan sin argumento alguno? ¿Este es el mensaje que quieren trasladar desde el Parlamento a la sociedad que les mantiene para que vivan a costa del erario?

Imagen de Pedro Sánchez y Pablo Casado durante una sesión de control al gobierno en el Congreso. FOTO: Europapress

Esa verborrea donde las descalificaciones toman un sobresaliente protagonismo no hace más que permear a unos ciudadanos que en los próximos meses tenemos dos citas electorales. Lo peor de todo no es lo que dicen, sino qué queda de ello. Cuando se echen a la calle a pedir el voto ¿qué programa intentarán vender a la ciudadanía para que confíen en ellos?

No hay más que ver la televisión (telediarios, programas de actualidad o tertulias políticas) oír la radio o leer los periódicos para darse cuenta que la política está muriendo. Los partidos, y especialmente los asesores de los propios políticos, se han dado cuenta que lo que vende no es otra cosa decir la mayor barbaridad para llegar al posible votante, a un elector que cada vez está más segmentado debido a las apariciones de las nuevas formaciones, y ahí están los líderes para dejarse notar sacando a relucir su impronta, o como algunos lo llaman, extremismo.

Se dice que la comunicación política es  “una disciplina de la ciencia política y de la comunicación, que se ocupa de la producción, la difusión, la diseminación, y de los efectos de la información, tanto a través de los medios de comunicación masivos, cuanto de los interpersonales, en un contexto político”. ¿De verdad es esto lo que oímos todos los días?

Agumenta Nuria Maña que en comunicación política “lo importante no es lo qué se dice, sino cómo se dice”. El cómo ha pasado de ser la moderación y la educación en la mayoría de los casos a la impronta y el insulto sin que para ello se pasen filtros. Cuando lleguen las elecciones se quejarán de la escasa participación y el abstencionismo. No hay más que ver el hartazgo de los que les mantienen en sus poltronas.

Encuestas de votos. ¿A quién creer?

Seguro esta pregunta que encabeza este post de hoy se la han hecho más de una vez. También los hay que manifiestan que “una encuesta sobre estimación de votos es una foto fija del momento y de la que no hay que fiarse, porque la mejor encuesta de todas se verá el día de las elecciones”. No me negarán que los que se dedican a analizar cuestiones políticas tienen salida para todo. Vale, estamos de acuerdo que las encuestas no son más que el estado de ánimo que en ese momento tenga el encuestado, y sin hacer ningún estudio sociológico previo que el que tiene la intención de votar unas siglas el día que le preguntan por ello, no va a cambiar de estrategia el día que tenga que introducir el sobre con la papeleta el día de las elecciones.

iniciativadebate.org

Otra de las curiosidades sobre las encuestas está en los datos que publican unos medios y otros; si tiene tendencia de izquierdas o de derecha. Vamos a poner algunos datos para comprobar. Dicen que la encuesta más fiable de todas es la que publica el CIS , que durante el año realiza varios sondeos en los que además de conocer a quién o a qué siglas votará usted, destaca los gustos y costumbres de los españoles (pregunta 19, página 38). Luego están las que de manera privada realizan los distintos medios de comunicación. Si vemos la que hace pública un periódico como El País, nada tiene que ver con la publicada por el CIS o cualquier otro medio, sobre todo del otro lado político, pongamos como ejemplo La Razón.

Siguiendo con este particular estudio, vamos a tomar otras dos referencias de medios de comunicación escritos. De un lado El Mundo, que sin ser progresista, ofrece datos que nada tienen que ver con el publicado por ABC. Cierto es que hay dos meses de diferencia entre uno y otro, pero lo que nos interesa realmente es el resultado en cuestión. Si entrar de lleno en detalles, ¿cómo es posible que según el medio, las encuestas sean favorables a uno u otro partido? Se supone que las empresas se encargan de realizar los trabajos eligen a los encuestados de manera aleatoria, ¿o no?

Para que no tengan mucho que pensar, un reportaje realizado por El Confidencial hace algunas semanas destacan lo que les acabo de contar. ¿Cómo es posible que exista hasta diez puntos de diferencia de un medio a otro cuando la pregunta es tan fácil (o complicada) a qué partido votará usted en las próximas elecciones generales.

Ahora entra en escena eso de “la cocina”. ¿Qué es la cocina? La mayoría responderíamos a ese lugar donde se hace de comer, pero en términos sociológicos la cocina no es más la manipulación de esos datos. Es decir, a usted o a mí, un día nos llaman por teléfono de alguna empresa que se dedica a realizar estimación de votos y le damos una respuesta concreta. Pues que sepa que esa respuesta y ese voto que usted pueda tener preparado para el día de las elecciones pueda pasar a otra formación a la que no votaría nunca, y esa elección queda sin efecto alguno. Es decir, que con todo esto, si la empresa que hace el trabajo cuando “cocine” los datos se irá a un lado u otro. Echen la vista atrás un momento. ¿Por qué cuando las encuestas son para El País la “cocina” hace que el voto vaya hacia Podemos y si la hace ABC va al Partido Popular? Eso se llama Cocina, a lo que añado que quién paga el estudio tendrá los datos a favor. Esto último no es más que una apreciación muy particular.