La máquina de escribir que suene lo justo

Afirmo y reitero que, en algunos asuntos, soy un clásico, a veces demasiado, y si me lo tomo muy a pecho me puedo pasar de la raya. He sentido curiosidad por el artículo que ha publicado el blog 233 grados sobre el ‘arriesgado’ sistema para motivar a los redactores del prestigioso diario británico The Times. Alguien que tiene mucho tiempo libre se le ha ocurrido la ‘genial’ idea de colocar el sonido de las antiguas máquinas de escribir, y así motivar a los redactores para que no se duerman en los laureles, digo yo.

Imagen de la película Todos los hombres del presidente. www.clasesdeperiodismo.com

Admito que la idea es peculiar, pero cuando se lleva un rato escuchando un mismo soniquete, como que el redactor quedará hasta el último pelo con los golpes a las Olivettis, Olympias, Triumphso las míticas Underboods. No me disgusta escuchar máquinas que han marcado una época importante en nuestras vidas, como el carro de Manolo Escobar, pero en su justa medida.

En pleno siglo XXI se intenta volver a lo arcaico para conseguir grandes dotes de inmediatez en un sector que, de por sí, tiene que soportar un alto estrés. La tecnología nos hace la vida más fácil y amena, y a veces algo de silencio es más gratificante que cualquier recuerdo que no evoque lo importante de una profesión como es el periodismo. El sonido de las máquinas de escribir queda en el recuerdo. El trabajo que hace un redactor es lo que realmente le motiva y lo que, de verdad, le satisface, sea con uno de estos artilugios o un ordenador que tenga lo último en tecnología.

¿Qué sucede cuando la prioridad de los medios es la ganancia?

No voy a descubrir nada nuevo respondiendo a la pregunta que he realizado en el título de este post. La encontré en un enlace de Linkedin, y la curiosidad me llevó a cuestionarme si la mismas inquietudes que tengo yo en este tema son las mismas que tienen otras personas que se dedican a investigar este asunto.  Salvando las distancias, en definitiva son las mismas. David Puttnam hace un importante decálogo sobre este asunto, argumentando hechos que muchos ni lo imaginamos.

Mi reflexión personal, añadiendo al decálogo de Puttnam es que los medios están para ganar dinero o servir a quién le paga, que por desgracia, es lo que prima últimamente. También hay que añadir que los medios, la mayoría de ellos, no ha sabido adaptarse a las demandas que exige el público, que en definitiva es el cliente. Hacer un mal negocio lleva consigo el que además de no sacar provecho al esfuerzo que realiza, quedar a merced de quién pueda servirse de una herramienta fundamental para la Democracia.

Hablemos de fútbol

Hace apenas unas semanas que acabó el Mundial de Brasil y ya estamos inmersos en lo que a muchos le han dado por llamar la “competición doméstica”. Cada día estoy más convencido de que el fútbol traspasa todo tipo de fronteras. No he dicho nada que a nadie sorprenda.

Iker Casillas. Foto: www.realmadrid.com

Lo que sí me está llamando notablemente la atención este verano son los numerosos movimientos en todos los equipos. Es como si cada año hubiera que reinventarse para ser mejor que el rival. A todo ello, y aunque no sea un tema que me quite el sueño, es qué puñetas va pasar con el portero del Real Madrid Iker Casillas. Este hombre ha pasado en unos años a ser el héroe nacional a ser odiado por los suyos. ¡Ya! Ahora me dirán que la culpa de todo la tiene Mourinho. Sí estoy convencido de que este último personaje colocó los cimientos en el ocaso del guardameta, aunque no me negarán que también ha puesto Iker de su parte. ¡Ojo! Ni tengo nada contra Casillas ni quiero ser su enemigo. Sólo aporto una apreciación muy personal.

He iniciado esta conversación porque todos, repito, todos los que lo defienden parece que se les ha evaporado su cariño, quizás de tanto usarlo y engrandecerlo, porque siendo un “grande”, hasta en su época más gloriosa, cometió fallos que tenía que haberlo bajado de la nube. Desde que se conoció el interés del Real Madrid por Keylor Navas, las puertas del club de la Castellana, a Casillas, se han abierto de par en par. Lo que pasa es que el sacrificado no va a ser él, sino su compañero Diego López, que pasó de suplente en el Sevilla a titular en el Madrid de la noche a la mañana por obra y gracia de Mourinho. López ha demostrado que está más que capacitado para ocupar la portería blanca, pero ante la llegada de Navas se ha quedado sin sitio.

Volviendo al párrafo anterior, a Casillas, los mismos que un día lo encumbran, al otro lo meten en la mierda. Me refiero a que tras perder ayer contra el Manchester United en la gira norteamericana por 3-1, todos los palos han ido a parar al guardameta por sus errores al encajar los goles. Esos mismos palos que la canallesca tenía preparado para azotar a Ancelotti por si se le ocurría no poner a su portero fetiche. Y ahora que han fichado a Keylor Navas, ¿por quién se decantarán?

Política y políticos

Antes de reflexionar quiero pedir disculpas por estar justo un mes fuera de órbita. Algo de tranquilidad en familia y observar culturas distintas a la mía me han llevado a realizar un impasse que ha durado más de lo que me hubiese gustado. En mi intención nunca ha estado olvidarme de este rincón donde expreso unos pensamientos comunicativos visto desde mi particular atalaya.

Pablo Iglesias. Foto: www.elpais.com

No sé si será una percepción personal, el caso es que desde hace algunas semanas la información política en este país ha aumentado considerablemente pese a que estamos inmersos en la época estival. Además, este artículo escrito por Borja Ventura en Yorokobu hace unos días me ha servido como hilo conductor para retomar la costumbre de bloguear.

Dice Ventura que votamos poco y mal (que además darle título a su post en la publicación creativa y filosófica) y no es más que una percepción que se ha generacionalizado hace un buen puñado de años. Además de votar poco y mal, el ciudadano de a pie, usted y yo, nos hemos olvidado de cuál es la verdadera misión cada vez que nos acercamos a las urnas a echar el sobre con la papeleta escogida.

El hartazgo de ejercer un derecho ha propiciado un conformismo inexplicable en un amplio sector de la ciudadanía por un lado, y por otro, que emerjan nuevos grupos donde muchos se ven identificado. Me refiero a Podemos, que lidera Pablo Iglesias. Este profesor universitario se ha convertido en todo un fenómeno social, y al que apenas unas semanas le han bastado para enemistarse con un sector de La Casta (como él llama a los partidos políticos tradicionales) y con periodistas asiduos a tertulias televisivas.

Me llamó la atención ayer en el programa La Sexta Noche el diálogo que Iglesias y la presidenta del PP madrileño, Esperanza Aguirre, mantuvieron a consecuencia de la denuncia interpuesta por el primero ante las palabras que esbozó la ex presidenta de la comunidad de Madrid hace unos días sobre si Iglesias apoya o no los ideales de la banda terrorista ETA.

Debo reconocer que me resultó interesante el diálogo (en algunos momentos de besugos) que mantuvieron ambos. No me cabe la menor duda que Podemos sabrá rentabilizar al máximo una conversación, a mi parecer, no dejó en buen lugar a la veterana política, pese a que los dos, en ningún momento, contestaron las preguntas que se hacían mutuamente. Estrategia política y de despiste, lo llamo yo.

Decía Aguirre que irrupción de Podemos ayudará al PP porque así divide aún más a la desfragmentada izquierda en este país. No le falta razón a la señora, pero que no se olvide, y es algo que está probado, que cuando hay elecciones sea cual sea el calibre, la derecha en España (la de verdad) sale en masa, papeleta en mano, a echarla en la urna correspondiente. La izquierda, es más reacia, es verdad, de ahí esa división, pero nunca ha dejado de perder su identidad. Además, y es una apreciación muy particular y personal, que el favor (muy flaco, por cierto), se lo están haciendo los propios dirigentes de la formación que está ahora en el gobierno a su propio partido, así que no descarten que, en unas próximas elecciones, Podemos, si aún continúan, den una nueva sorpresa.

Fue bonito mientras duró

No voy a negar que mi desilusión por las dos derrotas consumadas por la selección española en el Mundial que se celebrará en Brasil ante Holanda y Chile. Quizás por ingenuo, o porque mis deseos con los demás rompe cualquier tipo de barrera, el caso es que me había hecho muchas ilusiones con este equipo, y porque creía que era posible endosar una segunda estrella al escudo para lucirla con posterioridad. Sí, yo creía en este equipo, y lo que es más importante, sigo creyendo, pese a las críticas.

Once inicial de la selección que se enfrentó ante Chile. Foto: www.marca.com

Se pueden justificar diversos argumentos para enfatizar sobre el fracaso que ha supuesto la participación de la Selección; que si algunos ya están muy pasados, que si hay que llevar a cabo un cambio generacional, que si llegaron muy cansados al campeonato… Las excusas, si me permiten, son todas aceptables porque no hay razón para negar la mayor ante hechos consumados y demostrados. Ahora bien, este mismo equipo ha sido el que ha llenado de gloria un país y le ha quitado todos esos complejos de antaño, y es que antes de salir a competir siempre teníamos la cantinela de que “ya caeremos en cuartos”. Pasaron los cuartos, las semifinales y las finales, y España, en seis años, ha logrado dos Eurocopa (2008 y 2012) y un Mundial (2010). Pocas selecciones pueden presumir de lograr un palmarés como este.

Cuento todo esto porque desde la dolorosa derrota ante Chile, esos mismos que llenaban la boca presumiendo de selección y de jugadores, ahora no paran de criticar. También fueron otros muchos los que se unieron al carro del éxito. Me refiero a los patrocinadores que vieron en ‘La Roja’ un filón para conseguir más ventas y, de paso, más beneficio, que eso es lo que interesa al fin y al cabo. Ahora, con la eliminación a las primeras de cambio, esas marcas que tanto han se han aprovechado del éxito quiere dar la espalda a este equipo.Incluso, la bolsa parece que quiere darle un castigo a la Selección de manera indirecta castigando a Mediaset, la empresa que se ha encargado de retransmitir los partidos en abierto del Mundial de Brasil para España.

Si por algo nos caracterizamos en este país es que siempre apostamos a caballo ganador. No tenemos convicción alguna. No sé si disminuirán las ventas de las camisetas o el interés por ver a este equipo en la próxima fase de clasificación para la Eurocopa de 2016. A lo mejor la selección ha necesitado dar un paso atrás y tomar un nuevo impulso para llevar a cabo ese cambio generacional que piden a voces, lo malo es que los cambios no han sido todo lo satisfactorio que a los aficionados le gustases. La prueba está en que, desde 1964 hasta 2008 la Selección no ganó nada. ¿Cuánto habrá que esperar para que, de nuevo, nos podamos sentir orgulloso de unos jugadores que dan más de lo que recibe? Y no me refiero a la prima que tenían pactada si ganaban el Mundial, sino a todas esas firmas que hay tras la Federación soltando pasta a cambio de que los jugadores sean la imagen, y nosotros, tan bobos, haciendo lo que nos piden.

La edad de oro del boxeo: Manuel Alcántara en estado puro

No tengo delante de mí un Dry Martini. Quizás porque no encontraría argumentos para saborear una bebida que está hecha para los Maestros y para héroes que son capaces de salvar al mundo con sólo mencionar su nombre. Un café bien cargado para dar de lado a la morriña vespertina y veraniega es lo que me acompaña para intentar describir la sensación de haber leído ‘La edad de oro del boxeo. 15 asaltos de leyenda‘, un libro creado por los periodistas Agustín Rivera y Teodoro León Gross sobre las mejores crónicas del “noble arte” realizadas por Manuel Alcántara en el diario Marca entre 1967 y 1978.

Manuel Alcántara. Foto: www.sur.es

Sinceramente debo decir que no ha sido un  libro más. He tenido en las manos un ejemplar que me ha llevado a recordar mi niñez asemejándola a la que describe Alcántara, cuando bajaba de su casa en la calle del Agua para ver boxear a púgiles que se juntaban en el descampado colindante de Lagunillas en la posguerra malagueña. En mi barrio no había ring, ni tampoco había que rasgarse para llevarse un trozo de pan a la boca, aunque sí la miseria que lastraba cuatro décadas de dictadura.

Reconozco y admito que, salvo las columnas que a diario escribe Manuel Alcántara en SUR, nunca había leído nada suyo. Sé que lo que estoy diciendo es un gran pecado, pero lo bueno es que podré recuperar el tiempo perdido ahora que he conocido unas migajas de su obra relatadas en un periódico que, seguro, no se parece en nada al cronismo que hoy se realiza.

De algunos de esos combates que relata el libro guardo un vago recuerdo en mi memoria gracias a las tertulias del bar Guerra. Allí, días después de los combates, vecinos y amigos de mi padre y mi tío Antonio, se reunían con la compañía de unos vasos de Tío Pepe para hablar de las hazañas de Legrá, Perico Fernández o Pacheco. Sentado junto a ellos estaba un servidor, que daba buena cuenta de una Mirinda de naranja acompañada por unos calamares fritos.

Pocas veces tuve la oportunidad de ver un combate por televisión en aquellas retransmisiones en blanco y negro. La media noche no era el mejor horario para que un niño estuviera delante de la pantalla. Cuando alcanzaba estar despierto, no era capaz de aguantar dos asaltos. Era tal la fuerza que ejercía Morfeo que me dejaba ko.

Siempre he considerado el boxeo un deporte de caballeros pese a la dureza que se ejerce. Las crónicas de Manuel Alcántara son únicas, como los combates de entonces, así como la nobleza de esos peleadores que saltaban al ring de las doce cuerdas para tumbar al rival. Ahora el boxeo en televisión está desaparecido. Se echa de menos esos combates que hasta no hace mucho tiempo programaba Marca TV. Seguro que Alcántara trasnocharía para ver peleas que, pese a ser actuales, le recordarían su época de cronista, y los gritos de su madre cuando le decía. “Manolo, bájate con los boxeadores”.

Periodismo servil

Seguro que alguna enemistad me puedo crear cuando el lector haya visto de sopetón el titular que hoy destaco en este post, aunque mi intención no es otra que crear un sano debate sobre el periodismo que hoy nos rodea y que está, por desgracia (o por necesidad) en las instituciones. Esas dos palabras tienen una justificación, y no es otra que el tweet de mi profesora Sonia Blanco sobre las intenciones que pretende el candidato a la alcaldía de Málaga por el Partido Andalucista Javier Checa, un personaje que tiene su propio periódico on-line.

La intención del que fuera alcalde de la localidad jiennense de Torredonjimeno y ex mandatario del club de fútbol de esa ciudad es loable, respetuosa y muy digna. Colocar a un profesional de la comunicación titulado al frente de un gabinete de prensa en una institución sería lo lógico, y creo que algo que predomina en líneas generales, pero este discurso da un giro considerable cuando esta persona, por el hecho de que haya sido colocado por una organización política, cambia totalmente su rol y se convierte en un siervo más de quién, a final de mes, le abona el sueldo que lleva a su casa. Créanme. Sé de lo que hablo.

Quién me conoce sabe que me llevo dedicando a esta bendita profesión hace dos décadas. Sí, es cierto, no estoy titulado, pero mi experiencia me ha hecho ver tantas cosas que puedo hablar con conocimiento de causa de las atrocidades que hacen las organizaciones políticas cuando llega al poder. Durante más de diez años he trabajado lo más dignamente que he podido en la radio y televisión pública de Marbella. En más de una ocasión observé situaciones sangrantes, y tuve que  hacer cosas que va en contra de los principios del periodismo. Pese a todo, aguanté haciendo de tripas corazón y sintiendo vergüenza de lo que realizaba con tal de llevar el sueldo a casa. El pago por ese trabajo fue un despido que se produjo el pasado 4 de diciembre. He puesto el ejemplo de esta empresa, y que puede ser extrapolable a cualquier medio de comunicación público o gabinete de prensa (o de comunicación público) de este país. Por desgracia las noticias como tal pasan a un segundo o tercer plano, y el que toma protagonismo es el personaje que está alrededor de la misma.

Este razonamiento me lleva a cuestionarme ¿qué periodismo tenemos y queremos? Está claro que el que pretende el que paga, que al fin y al cabo es el que impone unas reglas de juego que si quieres aceptas de reniegas de ella. Tampoco el periodismo que conocemos en los medios tradicionales es que esté mucho mejor que el que acabo de describir, aunque ahí se disimula un poco más, salvo excepciones. Los periódicos, las emisoras de radio y las televisiones están gestionadas por macroempresas que, a su vez, están a merced de lo que el poder fáctico les dicta, esa misma autoridad que tienen unos pocos y que hacen y deshacen como quieren. No hay más que echar un vistazo a un periódico, oír una emisora de radio o ver cualquier canal de televisión generalista para darse cuenta que el mensaje que están transmitiendo está llevado a un terreno que no es el de todos, es el terreno de cada medio propone. Eso sí, después todos enarbolan la bandera de la imparcialidad.

Una vez aprendí que para hacer juicios de valor en esto del periodismo hay que contar con al menos dos versiones. Leer, escuchar o ver una misma noticia en dos plataformas distintas es un ejercicio muy sano para sacar conclusiones propias, y aun así, siempre quedan dudas.

¿Por qué no creo que WhatsApp sea un canal alternativo para las PYMES?

Hace unos días leí con mucho interés en el blog de Beatriz Riaño que WhatsApp es un canal alternativo para las PYMES. Argumentó cinco motivos por los que elegir dicha aplicación móvil que me resultaron muy interesante. Le respondí al tweet donde dejaba el enlace para leer el post diciendo: con todo el respeto, creo que no.

Sinceramente no veo en esta plataforma de comunicación ese canal para las pequeñas y medianas empresas, pese a que son éstas las que siempre tienen que estar innovando para llegar a su verdadero público, que es el más cercano.

El que no crea que WhatsApp es, ahora y al menos a medio plazo, un canal de comunicación perfecto para las PYMES quiera decir que esté en desacuerdo con todo lo escrito por Riaño, porque considero que describió algunos puntos que tiene su lógica y que apoyo en su totalidad.

Primer punto.   Whatsapp puede convertirse en un gran canal de comunicación interna, para satisfacer las necesidades a nivel organizacional. Su instantaneidad y versatilidad en cuanto a envíos de distintos formatos (videos, texto, imágenes, links, geolocalización), resulta muy interesante para satisfacer dichas necesidades a tiempo real y canalizar diferentes ideas, por parte de los trabajadores de una empresa. Además fomenta la pertenencia a un grupo o equipo organizacional”.

No pongo en duda que es una gran herramienta de comunicación interna, tanto para una sola empresa (con sus empleados) como para la organización en su conjunto. La instantaneidad es fundamental a la hora de enviar todos esos formatos que ha descrito y que son necesarios para tener algo que yo llamo sentimiento de pertenencia. Aunque a veces es mejor estar sólo, en situaciones de este tipo es clave la unión para el crecimiento empresarial, ya que como dicen los expertos, más de la mitad de este tejido aporta gran parte al PIB de nuestro país.

Segundo punto. “Whatsapp es un canal de comunicación económico, práctico e ilimitado. Además se puede utilizar en cualquier momento  y es ideal para complementar mensajería instantánea y multimedia”.

Totalmente de acuerdo. Más barato que gratis (al menos el primer año) no hay nada, y tras el segundo abonar menos de un euro cada doce meses no es un gran desembolso. Eso sí. WhatsApp (y ahora que lo ha comprado Fecebook) tendría mucho que mejorar en cosas tan básicas como la imagen o videollamadas entre otras, (esto es una apreciación muy personal que no creo que nos lleve a la más mínima discrepancia.

Tercer punto. “Es una plataforma con un gran poder de comunicación externa para las empresas. Con la que podemos comunicarnos con nuestros clientes potenciales, generando una conversación basada en la cercanía. Pero también es una forma de entablar una relación, mucho más estrecha, con nuestros proveedores”.

Este punto ya no lo veo tan claro, y lo argumento. “Es una Plataforma con un gran poder de comunicación externa para las empresas”. Estamos hablando de PYMES, de la tienda de al lado de casa (que no del súper, que también podría ser). Creo que soy de los pocos que todavía creen en este tipo de empresas. Te voy a poner un ejemplo que todavía tengo reciente. Hace poco renové las gafas, y de la óptica, me enviaron un mensaje por WhatsApp para decirme que ya las tenía lista y que podría acercarme por ellas. ¿Esa es la “conversación basada en la cercanía” a la que te refieres? Con los años, lo que ha cambiado es la típica llamada de teléfono por este tipo de mensajes, ya que el fin es el mismo: avisar. Cierto es que también se podría utilizar para avisar de ofertas promociones y acciones de este tipo, pero al tercer o cuarto mensaje seguro que no se le haría caso. Al menos yo esos mensajes los sentiría como spam.

Cuarto punto. “Es una herramienta de comunicación con gran poder de segmentación. Permite lanzar mensajes idóneos a grupos determinados, donde la retroalimentación o feedback está prácticamente asegurados”.

Tienes toda la razón, pero lo veo más enfocado entre las personas que no entre empresas o personas. Está claro que quién ejerza la retroalimentación es porque acepta recibir esos mensajes. En el momento que el feedback no se lleve a cabo, la comunicación está siendo inútil.

Quinto y último punto. “Esta aplicación móvil puede convertirse en un canal efectivo de atención al cliente. En una empresa es básico asegurar una buena política de gestión de información y de quejas. Con este canal se podrán resolver dudas en el momento y mantener informados ad hoc a nuestros clientes sobre promociones, descuentos …”

Para no ser reiterativo ya quedó respondida en el tercer punto.

Con esto lo que he pretendido dar mi versión del porqué no creo que WhatsApp sea, al menos hoy día, un canal de comunicación para las PYMES… al menos con sus clientes. Otra cosa sería entre colectivos empresariales, aunque el caso es lo mismo.

El ‘Cholo’ resurge al Atlético

Antes de nada pido disculpas por el retraso a la hora de incluir una nueva entrada en este blog, pero me he dejado llevar por los sentimientos que a veces tiene el mundo del balompié, y más cuando se trata del primer equipo de mi ciudad, el Marbella F. C. Precisamente también va de fútbol este post, y de lo que ha hecho mi otro equipo, el Atlético de Madrid, pero más enfocado al mensaje transmitido por su entrenador, Diego Pablo Simeone.

Diego Pablo Simeone. Foto: www.futbolargentino.com

De pasada diré que el ‘Cholo’ cogió las riendas de este Atlético de Madrid en un momento muy delicado deportivamente, y que, poco a poco, ha ido escalando posiciones en el escalafón hasta codearse con los dos ‘grandes’ de nuestro fútbol: el Real Madrid y el F. C. Barcelona.

“Humildad y trabajo”. Esas han sido las dos palabras que el técnico argentino ha mantenido desde su llegada a esa casa que tanto conoce, y con la que logró una liga en su etapa de jugador. Los periodistas que siguen habitualmente a este equipo deben estar casando de oír siempre lo mismo: “vamos partido a partido”, “esto es una carrera de fondo que gana el que mejor está”, “nosotros no somos favoritos de nada” y “nuestro trabajo está en la cancha y no en lo que digan los demás”, “debemos jugar el siguiente partido como si fuese el último”. Sin ser lapidarias,  estas frases han cuajado en una plantilla que ha creído en una filosofía, en el buen hacer de un entrenador y todo el staff técnico y en la confianza que ha tenido una afición que siempre creyó en las posibilidades de este equipo.

Pero de todo lo que ha dicho el ‘Cholo’ me quedo con una expresión que sí pasará a la historia: “Si se cree y se trabaja, se puede“. Simeone creyó en este equipo, la plantilla ha trabajado porque cree a su entrador, y si entre todos han podido es porque la fe de este conjunto ha superado todas las barreras.

Con esta frase que sí pasará a la historia, el preparador argentino ha dado en el clavo, y no sólo en la recomendación trasladada a su plantilla sino que, sin quererlo (o queriendo) ha lanzado un mensaje a todo el que quiere superarse a sí mismo. Si alguien pretende lograr un objetivo, además de proponérselo, tiene que trabajar por ello. Por cosas como estas hay gente que no tienen límites, sino que se lo digan a mi amigo Javier Mérida, partriatleta que el próximo mes de junio intentará bordear nadando la isla de Manhattan.

A veces una expresión vale más que muchas intenciones, siempre y cuando esté acompañada de sacrificio. El ‘Cholo’ ha resurgido al Atlético, y puede que esto sea sólo el principio de una larga y exitosa trayectoria de este club. El próximo reto lo tiene este sábado en la final de la Champions. ¿Logrará el doblete?

House of Cards: Como la vida misma

Hace algunas semanas hice una pequeña y particular incursión en la crítica cinematográfica con la película Ocho apellidos vascos, y la verdad es que me sentí muy cómodo exponiendo mis gustos sobre la cinta, obra que se ha convertido en la más taquillera de cine español. Hoy quiero dar un paso más y argumentar mi parecer de una serie que está rompiendo moldes: House of Cards.

Cierto es que hasta un par de meses no sabía que existía. La profesora Sonia Blanco (de la que ya he comentado en más de una ocasión en este blog) nos ha hablado durante sus clases  de esta singular serie y de la plataforma en la que estaba siendo emitida. Al igual que no sabía nada de la serie, también desconocía que era Netflix y, sinceramente, ambas cosas han sido un descubrimiento muy especial para mí. Decir que Netflix, en pocas palabras, es un portal de internet en el que se pueden ver series a demanda. Es decir: todos los capítulos de la serie en cuestión están a disposición del abonado y, si quiere ver uno, dos o tres del tirón lo puede hacer, o como si quiere visionarse toda la temporada de principio a fin si levantarse del sofá. En España sólo la podemos ver por Canal+.

He de decir que la serie que protagoniza Kevin Spacey ha cubierto todas las expectativas que tenía sobre ella. Sin destripar el argumento, no se puede negar que es un puro retrato de lo miserable que puede ser la política, la ambición y el poder. Todo tiene una relación considerable cuando, capítulo a capítulo, se entrelazan tramas que nos hacen mantenerla tensión.

Salvando las distancias, House Of Cards nos puede dar una aproximación muy exacta de nuestra política, la más doméstica que tengamos o bien desde el prisma que el lector quiera. Imagínense a Bárcenas, los EREs, el intento de la privatización sanitaria, Gürtel o la propia Operación Malaya, cualquier caso de corrupción elevado a la máxima potencia, y todo, con los tres elementos principales citados con anterioridad.

También es cierto que la serie aporta una visión -y con la que el espectador debe hacer su propia crítica- en que la corrupción es algo que se da por hecho, que se justifica, y que cualquier elemento es válido para conseguir lo que uno se proponga. En definitiva, que un personaje de perfil bajo sea capaz de lograr todo el poder a base de mentiras, engaños y manipulación. Créanme: como la vida misma.