Feliz año a todos, y mucha salud

Pasan los años y aún guardo recuerdos de la infancia y de la adolescencia donde la Navidad eran fechas en las que no quería que se acabaran. Ahora me pasa todo lo contrario; quiero que desaparezca de mi vida cuanto antes. Será por la edad, digo yo. Cada día me llama menos la atención el hecho de tener que celebrar algo porque sí, aunque lo siga haciendo muy a mi pesar. Se me nota demasiado el hecho de que estos días no son para mí.  Pese a todo aún quedan resquicios en mi corazón que me hacen retroceder muchos años y evocar esos recuerdos de mi niñez. Si hago este esfuerzo es por la gente que me rodea, aunque a veces me sienta culpable de estos actos.

Hoy termina un año que no ha sido especialmente bueno para mí. Por ello, y echando nuevamente la vista atrás, me convierto por unos momentos en ese niño que sí le gustaba a raudales estas fechas tan señaladas. Utilizo esta ventana, y que fue creada para dar rienda sueltas a mis inquietudes comunicativas, para desear lo mejor a toda esa gente a la que quiero y admiro y me unen pequeños o grandes lazos de amistad y confidencialidad. Deseo con todas mis fuerzas que 2015 sea el año que me devuelva la ilusión que me robó este que está a punto de acabar. Quiero ser esa persona que disfrutaba con lo que hacía por muy nimia que fuera. Quiero volver a ser ese hipócrita que todos llevamos dentro (y quién diga lo contrario miente). Las metas que voy a alcanzar no serán un camino de rosas, y para ello estoy preparado. Sí, he dicho bien, voy a alcanzar, porque si no existe una obligación y una motivación para ello ¿para qué malgastar las fuerzas? A los que no me pueden ver mi más absoluta ignorancia con ellos.

Feliz 2015, y Salud!

Que no se manche el fútbol por culpa de esta gentuza

¿Cuántas muertes tienen que haber más para que alguien ponga remedio a estas salvajadas? ¿No hay suficiente pena en este país para que, encima, tengamos que lamentarnos por actuaciones de este tipo? Cada día que pasa me doy cuenta que el fútbol ya no es lo que era, aunque pensándolo bien, desde que tengo uso de razón, que coincidió con mi primera vez viendo un partido, este tipo de incidentes se siguen produciendo por desgracia. El primer contacto del día que tengo con la información me encuentro con el desagradable incidente, cuando todavía el miembro de los ultras del Deportivo aún se debatía entre la vida y la muerte. Minutos más tarde certificaban el fallecimiento.

Por más vueltas que le doy a mi cabeza, no concibo la más mínima razón para justificar lo ocurrido. Que un puñado de individuos que dicen representar a instituciones deportivas como el Atlético de Madrid o el Deportivo de La Coruña, no son dignos, ni siquiera, de alcanzar un atisbo de semejanza y enarbolar la bandera del club que tanto defiende. Un ultra, por muy forofo que sea, no es más que otro aficionado con más sentimiento y cero violencia, defiende los mismos intereses: alegrarse por ver ganar a su equipo y criticarlo cuando tenga motivos para ello.

Sinceramente no me llama la atención que estos mierdas hagan quedada a través de las redes sociales o aplicación de mensajería móvil porque consideran que ése es su trabajo: hacer daño al rival porque sí. Me cuesta pensar que las fuerzas y cuerpo de seguridad del Estado no hayan tenido la más mínima noticia del desagradable acontecimiento y no hayan previsto una dotación de efectivos mayor cuando, históricamente, entre los ultras de ambos clubes han tenido algo más que palabras. Tampoco me extraña, como han denunciado los representantes de los dos clubes implicados, que la Real Federación Española de Fútbol que encabeza Ángel María Villar haya hecho lo más mínimo para suspender el partido de este mediodía entre colchoneros y gallegos. Luego salen diciendo que ya “era tarde” la suspensión.

Ojalá este sea el último caso de violencia con el fútbol como protagonista. Los clubes, todos los clubes, se tienen que implicar mucho más para eliminar a estos energúmenos del entorno impidiéndoles la entrada a los estadios y retirándoles todo el apoyo y ayuda que reciben. En el momento que haya una verdadera unión para sacar de los campos a esta gentuza, más limpios quedarán las entidades a las que dicen representar.

Adiós Ben Bradlee

Ben Bradlee, cuando dirigía The Washinton Post. Foto: www.observer.com

Reconozco abiertamente que la noticia de la muerte de todo un mito del periodismo -del de verdad- Ben Bradlee, me llenó de tristeza, como a muchos que también se dedican a esta bendita profesión de informar. Mi admiración por Bradlee es total, y eso que supe de su existencia, como buena parte de los mortales, por la magnífica película ‘Todos los hombres del presidente‘.

A veces uno tiene que dar algún que otro rodeo para llegar al punto que realmente le interesa. Sí. Fui de los vio antes de la película que leer el libro (o la historia) que propició la misma. Si extraordinaria es la cinta, mejor es el texto, aunque creo que no descubro nada nuevo. Bradlee, junto a Bob Woodward y Karl Berstein, lograron con el caso Watergate la caída del presidente Richard Nixon por las famosas escuchas al partido Demócrata, caso mundialmente conocido y que tan bien ilustró The Washington Post.

Adonde quiero llegar es que la verdadera figura de ese periodista y el ejercicio de periodismo de raza, hoy, -y desde hace tiempo-, no existe, y menos en un país como España. Para no señalar a nadie no pondré ejemplo alguno, ya que por estos lares eso de cargar con las culpas pese a las evidencias y las pruebas judiciales no van con nuestros políticos. Además de carecer de dignidad alguna, siempre quedarán resortes para que ese pesado lastre apenas le haga daño en su moral y en su dignidad. Para eso habrán otros al que echarles toda la mierda encima.

Como resaltó el periodista Carlos Alsina en la presentación de La Brújula del miércoles 22, Bradlee “cogió un periódico provinciano y lo convirtió en una referencia”. Una referencia y de las de verdad, siendo un espejo para muchos que, desde entonces, experimentaron algo más que sentimientos de pertenencia por una profesión que, por desgracia, no está todo lo reconocida que debiera. Para muestra el servilismo que se hace del mismo.

No me quiero olvidar de otros míticos periodistas (estadounidenses) que también han dejado esta profesión en una posición más que digna. Me acuerdo de Helen Thomas, reportera del United Press que se pasó nada menos que 49 años en la Casa Blanca haciendo preguntas incómodas a todos los presidentes, desde J. F. Kennedy hasta Obama, así como Larry King (el de los tirantes), un singular personaje que llegó a poner en compromiso a muchos de los que se pusieron frente a él.

Para poder comprobar que esa esencia del periodismo de entonces todavía pervive, me gustaría ver y leer (y porque no, describir) historias que sean capaces de honrar esta profesión. Por motivos y argumentos no serán. Pese a todo, como diría otro maestro, “¡vale la pena vivir para este oficio!”.

Podemos se entrega a su público

No voy a negar que me he permitido dedicar parte de mi tiempo para ver, escuchar y leer un buen puñado de argumentos se han descrito durante el día de la multitudinaria asamblea de Podemos que está celebrando en Madrid. Sin duda alguna ha sido una experiencia agradable independientemente de la ideología política que pueda tener. Me ha marcado considerablemente la sentencia que realizó su líder, Pablo Iglesias, argumentando que si no prospera su idea de partido se retirará para dejar paso a la otra, al parecer con más sentimiento popular y que promulga en también eurodiputado Pablo Echenique.

Asamblea de Podemos en Vistalegre. Foto: www.europapress.es

Si algo bueno tiene esta experiencia de Podemos es su sistema asambleario, donde la voz real de la calle tiene el verdadero peso político que tanto promulgan los políticos profesionales, y que ningún partido pone en práctica. Siento admiración por Podemos y por Pablo Iglesias especialmente, dado que su presencia en este sector ha dado un aíre más fresco a la política nacional. No me cabe duda alguna que lo que ha logrado (y está consiguiendo) Podemos se debe principalmente a Iglesias y al grupo que está tras él. No creo que vaya a sorprender a nadie el discurso que hasta ahora ha mostrado éste, pero me descuadra notablemente que su figura pueda salirse de esos ideales que están creando tantas personas que confían ciegamente en su persona.

Sería un error mayúsculo y de consecuencias casi inexplicable que Pablo Iglesias, en caso de que su propuesta de liderazgo no saliera adelante, abandone esa primera línea cuando lo más coherente sería un diálogo para lograr un consenso. Si Podemos no tiene al frente a Pablo Iglesias, entonces sí que sería una catástrofe para la organización. Muchos, por no decir la totalidad de los que siguen a Podemos, es, principalmente, por el mensaje que transmite un tipo que ha roto con el estereotipo del político. Tampoco quiero pensar que ese mensaje lanzado por Iglesias ha sido una amenaza para encumbrar aquel viejo dicho de estás conmigo o contra mí, porque si ha sido así, no está jugando un partido limpio. Los resultados no se conocerán hasta que no finalice el proceso de votación que se celebrará entre los días 20 y 26 de octubre.

La máquina de escribir que suene lo justo

Afirmo y reitero que, en algunos asuntos, soy un clásico, a veces demasiado, y si me lo tomo muy a pecho me puedo pasar de la raya. He sentido curiosidad por el artículo que ha publicado el blog 233 grados sobre el ‘arriesgado’ sistema para motivar a los redactores del prestigioso diario británico The Times. Alguien que tiene mucho tiempo libre se le ha ocurrido la ‘genial’ idea de colocar el sonido de las antiguas máquinas de escribir, y así motivar a los redactores para que no se duerman en los laureles, digo yo.

Imagen de la película Todos los hombres del presidente. www.clasesdeperiodismo.com

Admito que la idea es peculiar, pero cuando se lleva un rato escuchando un mismo soniquete, como que el redactor quedará hasta el último pelo con los golpes a las Olivettis, Olympias, Triumphso las míticas Underboods. No me disgusta escuchar máquinas que han marcado una época importante en nuestras vidas, como el carro de Manolo Escobar, pero en su justa medida.

En pleno siglo XXI se intenta volver a lo arcaico para conseguir grandes dotes de inmediatez en un sector que, de por sí, tiene que soportar un alto estrés. La tecnología nos hace la vida más fácil y amena, y a veces algo de silencio es más gratificante que cualquier recuerdo que no evoque lo importante de una profesión como es el periodismo. El sonido de las máquinas de escribir queda en el recuerdo. El trabajo que hace un redactor es lo que realmente le motiva y lo que, de verdad, le satisface, sea con uno de estos artilugios o un ordenador que tenga lo último en tecnología.

¿Qué sucede cuando la prioridad de los medios es la ganancia?

No voy a descubrir nada nuevo respondiendo a la pregunta que he realizado en el título de este post. La encontré en un enlace de Linkedin, y la curiosidad me llevó a cuestionarme si la mismas inquietudes que tengo yo en este tema son las mismas que tienen otras personas que se dedican a investigar este asunto.  Salvando las distancias, en definitiva son las mismas. David Puttnam hace un importante decálogo sobre este asunto, argumentando hechos que muchos ni lo imaginamos.

Mi reflexión personal, añadiendo al decálogo de Puttnam es que los medios están para ganar dinero o servir a quién le paga, que por desgracia, es lo que prima últimamente. También hay que añadir que los medios, la mayoría de ellos, no ha sabido adaptarse a las demandas que exige el público, que en definitiva es el cliente. Hacer un mal negocio lleva consigo el que además de no sacar provecho al esfuerzo que realiza, quedar a merced de quién pueda servirse de una herramienta fundamental para la Democracia.

Hablemos de fútbol

Hace apenas unas semanas que acabó el Mundial de Brasil y ya estamos inmersos en lo que a muchos le han dado por llamar la “competición doméstica”. Cada día estoy más convencido de que el fútbol traspasa todo tipo de fronteras. No he dicho nada que a nadie sorprenda.

Iker Casillas. Foto: www.realmadrid.com

Lo que sí me está llamando notablemente la atención este verano son los numerosos movimientos en todos los equipos. Es como si cada año hubiera que reinventarse para ser mejor que el rival. A todo ello, y aunque no sea un tema que me quite el sueño, es qué puñetas va pasar con el portero del Real Madrid Iker Casillas. Este hombre ha pasado en unos años a ser el héroe nacional a ser odiado por los suyos. ¡Ya! Ahora me dirán que la culpa de todo la tiene Mourinho. Sí estoy convencido de que este último personaje colocó los cimientos en el ocaso del guardameta, aunque no me negarán que también ha puesto Iker de su parte. ¡Ojo! Ni tengo nada contra Casillas ni quiero ser su enemigo. Sólo aporto una apreciación muy personal.

He iniciado esta conversación porque todos, repito, todos los que lo defienden parece que se les ha evaporado su cariño, quizás de tanto usarlo y engrandecerlo, porque siendo un “grande”, hasta en su época más gloriosa, cometió fallos que tenía que haberlo bajado de la nube. Desde que se conoció el interés del Real Madrid por Keylor Navas, las puertas del club de la Castellana, a Casillas, se han abierto de par en par. Lo que pasa es que el sacrificado no va a ser él, sino su compañero Diego López, que pasó de suplente en el Sevilla a titular en el Madrid de la noche a la mañana por obra y gracia de Mourinho. López ha demostrado que está más que capacitado para ocupar la portería blanca, pero ante la llegada de Navas se ha quedado sin sitio.

Volviendo al párrafo anterior, a Casillas, los mismos que un día lo encumbran, al otro lo meten en la mierda. Me refiero a que tras perder ayer contra el Manchester United en la gira norteamericana por 3-1, todos los palos han ido a parar al guardameta por sus errores al encajar los goles. Esos mismos palos que la canallesca tenía preparado para azotar a Ancelotti por si se le ocurría no poner a su portero fetiche. Y ahora que han fichado a Keylor Navas, ¿por quién se decantarán?

Política y políticos

Antes de reflexionar quiero pedir disculpas por estar justo un mes fuera de órbita. Algo de tranquilidad en familia y observar culturas distintas a la mía me han llevado a realizar un impasse que ha durado más de lo que me hubiese gustado. En mi intención nunca ha estado olvidarme de este rincón donde expreso unos pensamientos comunicativos visto desde mi particular atalaya.

Pablo Iglesias. Foto: www.elpais.com

No sé si será una percepción personal, el caso es que desde hace algunas semanas la información política en este país ha aumentado considerablemente pese a que estamos inmersos en la época estival. Además, este artículo escrito por Borja Ventura en Yorokobu hace unos días me ha servido como hilo conductor para retomar la costumbre de bloguear.

Dice Ventura que votamos poco y mal (que además darle título a su post en la publicación creativa y filosófica) y no es más que una percepción que se ha generacionalizado hace un buen puñado de años. Además de votar poco y mal, el ciudadano de a pie, usted y yo, nos hemos olvidado de cuál es la verdadera misión cada vez que nos acercamos a las urnas a echar el sobre con la papeleta escogida.

El hartazgo de ejercer un derecho ha propiciado un conformismo inexplicable en un amplio sector de la ciudadanía por un lado, y por otro, que emerjan nuevos grupos donde muchos se ven identificado. Me refiero a Podemos, que lidera Pablo Iglesias. Este profesor universitario se ha convertido en todo un fenómeno social, y al que apenas unas semanas le han bastado para enemistarse con un sector de La Casta (como él llama a los partidos políticos tradicionales) y con periodistas asiduos a tertulias televisivas.

Me llamó la atención ayer en el programa La Sexta Noche el diálogo que Iglesias y la presidenta del PP madrileño, Esperanza Aguirre, mantuvieron a consecuencia de la denuncia interpuesta por el primero ante las palabras que esbozó la ex presidenta de la comunidad de Madrid hace unos días sobre si Iglesias apoya o no los ideales de la banda terrorista ETA.

Debo reconocer que me resultó interesante el diálogo (en algunos momentos de besugos) que mantuvieron ambos. No me cabe la menor duda que Podemos sabrá rentabilizar al máximo una conversación, a mi parecer, no dejó en buen lugar a la veterana política, pese a que los dos, en ningún momento, contestaron las preguntas que se hacían mutuamente. Estrategia política y de despiste, lo llamo yo.

Decía Aguirre que irrupción de Podemos ayudará al PP porque así divide aún más a la desfragmentada izquierda en este país. No le falta razón a la señora, pero que no se olvide, y es algo que está probado, que cuando hay elecciones sea cual sea el calibre, la derecha en España (la de verdad) sale en masa, papeleta en mano, a echarla en la urna correspondiente. La izquierda, es más reacia, es verdad, de ahí esa división, pero nunca ha dejado de perder su identidad. Además, y es una apreciación muy particular y personal, que el favor (muy flaco, por cierto), se lo están haciendo los propios dirigentes de la formación que está ahora en el gobierno a su propio partido, así que no descarten que, en unas próximas elecciones, Podemos, si aún continúan, den una nueva sorpresa.

Fue bonito mientras duró

No voy a negar que mi desilusión por las dos derrotas consumadas por la selección española en el Mundial que se celebrará en Brasil ante Holanda y Chile. Quizás por ingenuo, o porque mis deseos con los demás rompe cualquier tipo de barrera, el caso es que me había hecho muchas ilusiones con este equipo, y porque creía que era posible endosar una segunda estrella al escudo para lucirla con posterioridad. Sí, yo creía en este equipo, y lo que es más importante, sigo creyendo, pese a las críticas.

Once inicial de la selección que se enfrentó ante Chile. Foto: www.marca.com

Se pueden justificar diversos argumentos para enfatizar sobre el fracaso que ha supuesto la participación de la Selección; que si algunos ya están muy pasados, que si hay que llevar a cabo un cambio generacional, que si llegaron muy cansados al campeonato… Las excusas, si me permiten, son todas aceptables porque no hay razón para negar la mayor ante hechos consumados y demostrados. Ahora bien, este mismo equipo ha sido el que ha llenado de gloria un país y le ha quitado todos esos complejos de antaño, y es que antes de salir a competir siempre teníamos la cantinela de que “ya caeremos en cuartos”. Pasaron los cuartos, las semifinales y las finales, y España, en seis años, ha logrado dos Eurocopa (2008 y 2012) y un Mundial (2010). Pocas selecciones pueden presumir de lograr un palmarés como este.

Cuento todo esto porque desde la dolorosa derrota ante Chile, esos mismos que llenaban la boca presumiendo de selección y de jugadores, ahora no paran de criticar. También fueron otros muchos los que se unieron al carro del éxito. Me refiero a los patrocinadores que vieron en ‘La Roja’ un filón para conseguir más ventas y, de paso, más beneficio, que eso es lo que interesa al fin y al cabo. Ahora, con la eliminación a las primeras de cambio, esas marcas que tanto han se han aprovechado del éxito quiere dar la espalda a este equipo.Incluso, la bolsa parece que quiere darle un castigo a la Selección de manera indirecta castigando a Mediaset, la empresa que se ha encargado de retransmitir los partidos en abierto del Mundial de Brasil para España.

Si por algo nos caracterizamos en este país es que siempre apostamos a caballo ganador. No tenemos convicción alguna. No sé si disminuirán las ventas de las camisetas o el interés por ver a este equipo en la próxima fase de clasificación para la Eurocopa de 2016. A lo mejor la selección ha necesitado dar un paso atrás y tomar un nuevo impulso para llevar a cabo ese cambio generacional que piden a voces, lo malo es que los cambios no han sido todo lo satisfactorio que a los aficionados le gustases. La prueba está en que, desde 1964 hasta 2008 la Selección no ganó nada. ¿Cuánto habrá que esperar para que, de nuevo, nos podamos sentir orgulloso de unos jugadores que dan más de lo que recibe? Y no me refiero a la prima que tenían pactada si ganaban el Mundial, sino a todas esas firmas que hay tras la Federación soltando pasta a cambio de que los jugadores sean la imagen, y nosotros, tan bobos, haciendo lo que nos piden.

La edad de oro del boxeo: Manuel Alcántara en estado puro

No tengo delante de mí un Dry Martini. Quizás porque no encontraría argumentos para saborear una bebida que está hecha para los Maestros y para héroes que son capaces de salvar al mundo con sólo mencionar su nombre. Un café bien cargado para dar de lado a la morriña vespertina y veraniega es lo que me acompaña para intentar describir la sensación de haber leído ‘La edad de oro del boxeo. 15 asaltos de leyenda‘, un libro creado por los periodistas Agustín Rivera y Teodoro León Gross sobre las mejores crónicas del “noble arte” realizadas por Manuel Alcántara en el diario Marca entre 1967 y 1978.

Manuel Alcántara. Foto: www.sur.es

Sinceramente debo decir que no ha sido un  libro más. He tenido en las manos un ejemplar que me ha llevado a recordar mi niñez asemejándola a la que describe Alcántara, cuando bajaba de su casa en la calle del Agua para ver boxear a púgiles que se juntaban en el descampado colindante de Lagunillas en la posguerra malagueña. En mi barrio no había ring, ni tampoco había que rasgarse para llevarse un trozo de pan a la boca, aunque sí la miseria que lastraba cuatro décadas de dictadura.

Reconozco y admito que, salvo las columnas que a diario escribe Manuel Alcántara en SUR, nunca había leído nada suyo. Sé que lo que estoy diciendo es un gran pecado, pero lo bueno es que podré recuperar el tiempo perdido ahora que he conocido unas migajas de su obra relatadas en un periódico que, seguro, no se parece en nada al cronismo que hoy se realiza.

De algunos de esos combates que relata el libro guardo un vago recuerdo en mi memoria gracias a las tertulias del bar Guerra. Allí, días después de los combates, vecinos y amigos de mi padre y mi tío Antonio, se reunían con la compañía de unos vasos de Tío Pepe para hablar de las hazañas de Legrá, Perico Fernández o Pacheco. Sentado junto a ellos estaba un servidor, que daba buena cuenta de una Mirinda de naranja acompañada por unos calamares fritos.

Pocas veces tuve la oportunidad de ver un combate por televisión en aquellas retransmisiones en blanco y negro. La media noche no era el mejor horario para que un niño estuviera delante de la pantalla. Cuando alcanzaba estar despierto, no era capaz de aguantar dos asaltos. Era tal la fuerza que ejercía Morfeo que me dejaba ko.

Siempre he considerado el boxeo un deporte de caballeros pese a la dureza que se ejerce. Las crónicas de Manuel Alcántara son únicas, como los combates de entonces, así como la nobleza de esos peleadores que saltaban al ring de las doce cuerdas para tumbar al rival. Ahora el boxeo en televisión está desaparecido. Se echa de menos esos combates que hasta no hace mucho tiempo programaba Marca TV. Seguro que Alcántara trasnocharía para ver peleas que, pese a ser actuales, le recordarían su época de cronista, y los gritos de su madre cuando le decía. “Manolo, bájate con los boxeadores”.