¿Cuánto cuesta emprender?

Hago esta pregunta sin saber si voy a poder responderla, y es que pese a tener cierta experiencia (ambigua) pero alguna experiencia, hay factores a los que no puedo llegar. Emprender. Esa es la palabra que hoy día está en boca de todos para intentar paliar la vergonzosa* crisis que nos azota desde hacer algunos años. Dicen los que saben de esto que no te puedes quedar parado, que tienes que mantener la mente activa para sacar a flote las ideas que hay en tu interior, que tienes que hacerte fuerte ante las adversidades que se presentan, que no dejes llevar por situaciones negativas… En definitiva, que hay que innovar.

He encontrado en el blog de Carlos Bravo (un gran tipo por lo que escribe), una entrada (le admito a los puritanos que quieran definirlo como post) en la que le ofrece al emprendedor responder a tres simples preguntas para sacar adelante una empresa. Son estas:

1. ¿Vas a poder sacrificar tu tiempo libre, tus fines de semana y tus vacaciones para seguir adelante con tu empresa?
2. ¿Quieres arriesgar una ruptura con tus amigos, tu mujer o pareja porque no haces otra cosa que trabajar?
3. ¿Puedes vivir durante meses o años no sabiendo si tu empresa todavía existirá dentro de dos o tres meses?

Las respuestas más coherentes serían afirmaciones positivas. Es decir, respondería sí a las tres  cuestiones. Estaría (y lo estuve) dispuesto a sacrificar todo mi tiempo para sacar adelante la empresa. Sí, arriesgaría una ruptura con los amigos y pareja,  ya que si yo no confío en mi propio proyecto ¿quién lo va a hacer? En mi caso tuve un apoyo total por parte de mis amigos y mi familia. Y, si no podría vivir meses o años sabiendo que el plan se puede ir al garete, también diría que sí, que podría vivir. Ese es el riego que se corre, que te pueden salir las cosas bien o te pueden salir mal.

Ahora. Nunca pienses que con dos días de trabajo te vas a hacer rico. Si a la vez que estás pensando en ser un emprendedor se te nubla la vista con los miles de billetes de 500 euros que va a ganar, mejor no hagas nada. Mi experiencia profesional me ha hecho entender la vida de tal manera que, ser un emprendedor, es trabajar en lo que cree, ya sea mejor o peor, pero en las ideas que quieres desarrollar. Ya tendrás tiempo de mejorarlas. Tendrás un trabajo para vivir, y no dependerás de un empresario que te explota echando más horas que un reloj trabajando en algo que no te gusta y, si lo haces, es por necesidad. Emprender, en definitiva, es creer en ti mismo.

Ahora, también digo que emprender no sale gratis. Cierto que es que para crear algunas empresas, sobre todo las start-ups, te puedes apañar con un teléfono móvil con conexión a internet y un ordenador, elementos básicos que buena parte del común de los mortales tenernos como algo habitual. (Espero no haber dicho un pecado). Si tienes la suerte de que vas a trabajar, vas a cobrar por lo que has desarrollado. Ahora bien. Que a nadie se le olvide que vivimos en un país donde se pagan impuestos, y donde, en muchos casos, tienes que abonarlos antes de cobrar las facturas. Somos así de chulos.

Que nadie se deje llevar por lo último que he comentado. Quién tenga una idea, que la ponga en práctica. Es la única manera de saber si ha merecido la pena llevarla a cabo.

*Hoy he visto el documental Inside Job, y no puedo comprender cómo los que nos han metido en esta maldita crisis siguen campando a sus anchas como si nada hubiese pasado. Los ricos son más ricos y los pobres pierden sus casas porque no pueden pagar al banco ¡País!

Este post fue escrito por un servidor en el blog Empresa de Comunicación el 12 de abril de 2012 para un proyecto de innovación educativa de la Universidad de Málaga, enmarcado dentro de la asignatura de Empresa de Comunicación con fines docentes y educativos del curso 2011/2012.

Aprender de los errores

La frase que más suele utilizar un veterano para animar a un novato es que “de los errores se aprende”. Evidentemente nadie nace sabiendo, y sólo el afán de superación es lo que le hace a uno que intente salvar cada día los obstáculos que se encuentran por el camino. Son muchos los motivos que puede llevar a una persona a emprender, a depender de sí mismo, y a ser capaz de gestionar todos los recursos que tiene a su alcance para culminar un reto. Apostar por una iniciativa ya es un detalle importante, pero si además acierta en la decisión y es capaz de eliminar todas las barreras, el éxito está asegurado, o al menos existen escasas opciones para el fracaso.


Hasta cierto punto me puedo considerar un emprendedor, un creador de empresa que un día fui capaz de iniciar y llevar a cabo un proyecto, un proyecto que fracasó. ¿Por qué? Muy fácil. No tenía ni idea de cómo gestionar lo que mis manos y mi cabeza crearon. Mi profesión me condujo al mundo de la verdadera gestión de la comunicación, a esa fábrica de crear noticas para los medios. Redactar un comunicado o una nota de prensa es relativamente sencillo siempre que se tengan todos los detalles de la información que se quiera ofrecer. Tampoco es muy difícil gestionar una conferencia de prensa. Lo importante, y para que tenga éxito, es conocer los tiempos, los temas del día y garantizar la presencia de los medios. Con ello puedes tener asegurado un hueco en la agenda setting. Pero una empresa de comunicación no sirve solo para hacer notas, comunicados y organizar ruedas de prensa. Es mucho más. El contacto con el posible cliente es determinante.


Mi principal error fue dejarme llevar por lo que hacían los demás en vez de aplicar las técnicas y todo lo que aprendí como informador. No supe seleccionar al público objetivo, no realicé un análisis del entorno, no llevé a cabo ningún tipo de estudio para conocer si era el momento más adecuado e invertir parte de los ahorros en el proyecto. No tuve en cuenta a mi competencia, que era mayor de la esperada.


Pese a todo, el tiempo me dijo que, si hubiese aplicado mis propias ideas, el proyecto seguiría vivo, o al menos no hubiese tenido su ocaso a los pocos meses de su creación. Aprendí que no todo lo que hace el rival es lo mejor, y que las ideas de uno, por muy elementales que pudieran parecer, no eran del todo malas. Había que aplicarlas en el momento adecuado. No supe hacerlo. Cuando realicé el verdadero análisis fue muy tarde, con el consiguiente gasto de tiempo y dinero empleado. Tras más de un lustro sigo confiando en la viabilidad de una empresa de comunicación, pero cada cosa a su tiempo. Dicen que la paciencia es un grado.

Este post fue escrito por un servidor en el blog Empresa de Comunicación el 16 de marzo de 2012 para un proyecto de innovación educativa de la Universidad de Málaga, enmarcado dentro de la asignatura de Empresa de Comunicación con fines docentes y educativos del curso 2011/2012.