La evidencia la pone la imagen

No voy a negar que me haya pillado por sorpresa ver esta fotografía que ilustra el post de hoy. He llegado a la misma a través de El Huffinton Post, titulando en su portada: La foto de la discordia. El motivo ha sido las burlas que están inundando las redes sociales por dicha instantánea, y he de decir que me han venido vagos recuerdos de cuando España estaba bajo la batuta de una dictadura, y de un “gobernante” que siempre se reunía allá por donde iba con el obispo de turno, el máximo responsable de la Guardia Civil del lugar y algunos de sus más fieles seguidores. Me ha recordado que vivimos en un país que ha recuperado su espíritu más rancio de la historia más reciente; de una España casi olvidada por muchos y que algunos quieren mantener viva una pequeña llama con actuaciones que no se sostiene.

Jorge Fernández Díaz, con pala en mano, rodeado por miembros de la Guardia Civil y la Iglesia. Foto: eldiario.es

Una vez aprendí de Asela Pintado, experta en comunicación e imagen del líder, que no sólo lo que dices va a calar en la sociedad, sino en cómo lo dices y de qué manera lo dices. La imagen que se muestra abarca estos dos últimos estilos. Hay muchas formas de colocar la primera piedra de algo que se va construir, pero más que una piedra, para el ministro Jorge Fernández Díaz es la china en el zapato, que desconozco si le incomodará o no, pero que a la sociedad le ha hecho recordar viejas costumbres, y que podría ser un paso más a un nuevo paradigma que muestra un retroceso en las costumbres y en la modernidad.

Pero a la historia de esta foto habría que sacarle un poco más de punta. Lo peor (al menos para mi entender) es que la misma ha sido publicada y distribuida por el Ministerio del Interior. Este mismo ministerio fue el que la ‘cagó’ (y perdónenme la expresión) cuando lanzó un comunicado de prensa antes de que la Guardia Civil realizara una actuación para detener a unos cuantos etarras. Como diría un clásico: Así nos luce el pelo.

Se veía venir, Toñi Moreno

Debo decir que no soy fan de este tipo de programas, pero reconozco que hacen una gran labor social en algunos casos. Mucho se ha dicho y hablado del magazine vespertino de La 1, Entre Todos, que presenta Toñi Moreno. No voy a entrar en si es ético o no lo que hace el ente público RTVE con Entre Todos. Para eso están otros expertos que se dedican a estar pendiente cada minuto de lo que salen en los distintos canales de televisión. Esta mujer me cae bien. Creo que es simpática y el público empatiza con ella, pero tiene un defecto: “empalaga” demasiado. Además, también está siendo objeto de burlas del algún que otro programa de zapping que, día sí y día también, expone a su audiencia algunas torpezas de la presentadora.

Además del contenido del programa también se ha hecho público su sueldo, y es que según algunos medios, Toñi Moreno se “embolsa” diariamente 1,400 euros por programa. Si hacemos las cuentas de aquella manera, 1,400 por 5 es igual a: 7,000 euros a la semana, que por cuatro, suma 28,000 euros/mes, más o menos. ¿Si lo cobra será porque se alguien se lo paga, no?

Lo que más me ha extrañado es que todavía existan personas que se rasguen las vestiduras y clamen al cielo por cosas de este tipo. Vamos a ver. No voy a salir en defensa de la presentadora pero, entiendo, que los que llaman a estos programas son criaturas que quieren a ayudar a otras sin pedir nada a cambio; porque tienen buena voluntad. ¡Qué importa lo que gane Toñi Moreno si el deseo de muchos de regalar, 20, 50, 100 o 1,000 euros es para beneficiar a otros que no tienen nada!

También entiendo que algunos quieran tener su momento de gloria dejándose notar haciendo comentarios de este tipo, pero no creo que sea ético ni moral echarle en cara a una persona que hace su trabajo lo que gana para justificar su donación. Cuántos despilfarros se han realizado en este país y nos ha dado igual o hemos mirado para otro lado. Como diría un clásico: nos la cogemos con papel de fumar.

¿En qué país vivimos?

Permítanme que me haga esta pregunta al comenzar este post. La razón no es otra que la vergüenza que siento de vivir en un lugar donde la Policía es capaz de hacer este tipo de cosas. El acto en sí evidencia una notable falta de libertad para el ciudadano de base, que en este caso, al parecer, ya no va a poder realizar fotografías en la calle ni en lugares públicos.

Esta propuesta de sanción de la que ha sido objeto esta persona clama al cielo. Se me viene a le memoria otro acontecimiento que también llamó la atención aunque en un ámbito mucho más popular: el fútbol. ¿Se acuerdan de ese jugador del Real Jaén al que querían sancionar con 2.000 euros por mostrar un mensaje de solidaridad a los niños enfermos de cáncer si lograba marcar un gol con su equipo? Ambas son situaciones que convierten a este país en una república bananera, donde nuestros políticos y una serie de gestores no son capaces de medir cual es el verdadero límite de lo absurdo.

Parece que la libertad de expresión tiende a desaparecer con acciones como la prohibir hacer fotografías en una manifestación en la calle, y como unos cuantos se quieren dejarse notar a costa de los “obreros del fútbol” (definición que utilizaba el mítico periodista José María García para referirse a los jugadores de los equipos modestos) para aplicar sanciones que, en ningún caso, tienen sentido, Ni lo del fotógrafo ni lo del futbolista se ajustan al derecho. Menos mal que el jugador, gracias a la presión popular y que fue recogido por todos los medios de comunicación, no tuvo que abonar la cantidad con la que, en este caso, sí que fue sancionado. El otro caso aún está por ver y si la propuesta se hace o no efectiva. Al tiempo.