Canal Sur sí que dio la campanada

No les voy a negar la sorpresa que me llevé cuando anoche, una media hora después de que sonaran las campanadas que sirvieron para abrir este recién estrenado 2015, me dio por mirar Twitter y ver cómo estaba el ambiente en esta red social de los 140 caracteres. A través de un seguidor veo este tweet de Rubén Sánchez, portavoz de Facua, comentando el lamentable incidente en los que miles de televidentes de Canal Sur se quedaron sin ver las campanadas de fin de año porque durante la emisión se colaron algunos anuncios publicitarios. No engaño si digo que tuve que leerlo varias veces y hasta pensé que era una broma lo ocurrido, pero enseguida me di cuenta que el día de los inocentes pasó.

Lo primero que pensé cuando vi el vídeo, que apenas tardó una hora en estar subido a la red, fue: “vaya marrón para la criatura o criaturas que estaban al cargo de las emisiones en ese momento”. Reconozco que sin haber pasado por este sufrimiento me uní a la indignación de las personas que se quedaron sin poder la bienvenida al nuevo año. Durante el tiempo que permanecimos reunidos en casa, familiares y amigos tuvimos tema de conversación hasta que nos despedimos. Incluso durante el día de hoy también se ha hablado bastante en diversos foros, no solo en internet, sino en reuniones.

No tardó mucho tiempo Canal Sur en pedir disculpas por lo ocurrido, y no creo que el perdón sirva para limpiar la imagen dada. Aunque para enmarcar también quedó la “cagada” (con perdón) que Marisa Naranjo ofreció a todo el país aquel fin de año de 1989. Desde el primer momento ha comentado el autonómico que se ha debido a un fallo humano. Creo que a nadie le cabe la menor duda que alguien tocó el botón equivocado. Pero hay una pregunta, ¿es suficiente con pedir perdón y acabar con la persona o personas que provocaron este desaguisado? Porque a nadie le queda duda que algunos pagará los platos rotos, los curritos, lo más seguro, pero, ¿qué decimos de esos responsables que son tan culpables como los que pulsaron el botón que no era? ¿Se atreverán a tocar a esos que se hacen llamar gestores que tienen toda la responsabilidad (porque cobran por ello) o serán salvados por la gracia de la divina esperanza que están en cuerpos de políticos de tres al cuarto que han hecho de este medio un aparato propagandístico del partido que ostenta el poder desde que hay democracia en este país?

Lo que sí parece claro es que la próxima nochevieja muy pocos se atreverán a poner Canal Sur para tomarse las uvas después de lo ocurrido, aunque también habría que dar ese voto de confianza porque todos tenemos derecho a equivocarnos. Mi sofocón no fue por quedarme sin tomar las uvas, que las tomé de manera correcta sin que hubiera problema con los anuncios, sino por ver el vestido que portó Cristina Pedroche con tanta elegancia. ¡El frío que tuvo que pasar la chiquilla para enseñar a la audiencia de La Sexta las bragas negras!

¿Qué sucede cuando la prioridad de los medios es la ganancia?

No voy a descubrir nada nuevo respondiendo a la pregunta que he realizado en el título de este post. La encontré en un enlace de Linkedin, y la curiosidad me llevó a cuestionarme si la mismas inquietudes que tengo yo en este tema son las mismas que tienen otras personas que se dedican a investigar este asunto.  Salvando las distancias, en definitiva son las mismas. David Puttnam hace un importante decálogo sobre este asunto, argumentando hechos que muchos ni lo imaginamos.

Mi reflexión personal, añadiendo al decálogo de Puttnam es que los medios están para ganar dinero o servir a quién le paga, que por desgracia, es lo que prima últimamente. También hay que añadir que los medios, la mayoría de ellos, no ha sabido adaptarse a las demandas que exige el público, que en definitiva es el cliente. Hacer un mal negocio lleva consigo el que además de no sacar provecho al esfuerzo que realiza, quedar a merced de quién pueda servirse de una herramienta fundamental para la Democracia.

Fue bonito mientras duró

No voy a negar que mi desilusión por las dos derrotas consumadas por la selección española en el Mundial que se celebrará en Brasil ante Holanda y Chile. Quizás por ingenuo, o porque mis deseos con los demás rompe cualquier tipo de barrera, el caso es que me había hecho muchas ilusiones con este equipo, y porque creía que era posible endosar una segunda estrella al escudo para lucirla con posterioridad. Sí, yo creía en este equipo, y lo que es más importante, sigo creyendo, pese a las críticas.

Once inicial de la selección que se enfrentó ante Chile. Foto: www.marca.com

Se pueden justificar diversos argumentos para enfatizar sobre el fracaso que ha supuesto la participación de la Selección; que si algunos ya están muy pasados, que si hay que llevar a cabo un cambio generacional, que si llegaron muy cansados al campeonato… Las excusas, si me permiten, son todas aceptables porque no hay razón para negar la mayor ante hechos consumados y demostrados. Ahora bien, este mismo equipo ha sido el que ha llenado de gloria un país y le ha quitado todos esos complejos de antaño, y es que antes de salir a competir siempre teníamos la cantinela de que “ya caeremos en cuartos”. Pasaron los cuartos, las semifinales y las finales, y España, en seis años, ha logrado dos Eurocopa (2008 y 2012) y un Mundial (2010). Pocas selecciones pueden presumir de lograr un palmarés como este.

Cuento todo esto porque desde la dolorosa derrota ante Chile, esos mismos que llenaban la boca presumiendo de selección y de jugadores, ahora no paran de criticar. También fueron otros muchos los que se unieron al carro del éxito. Me refiero a los patrocinadores que vieron en ‘La Roja’ un filón para conseguir más ventas y, de paso, más beneficio, que eso es lo que interesa al fin y al cabo. Ahora, con la eliminación a las primeras de cambio, esas marcas que tanto han se han aprovechado del éxito quiere dar la espalda a este equipo.Incluso, la bolsa parece que quiere darle un castigo a la Selección de manera indirecta castigando a Mediaset, la empresa que se ha encargado de retransmitir los partidos en abierto del Mundial de Brasil para España.

Si por algo nos caracterizamos en este país es que siempre apostamos a caballo ganador. No tenemos convicción alguna. No sé si disminuirán las ventas de las camisetas o el interés por ver a este equipo en la próxima fase de clasificación para la Eurocopa de 2016. A lo mejor la selección ha necesitado dar un paso atrás y tomar un nuevo impulso para llevar a cabo ese cambio generacional que piden a voces, lo malo es que los cambios no han sido todo lo satisfactorio que a los aficionados le gustases. La prueba está en que, desde 1964 hasta 2008 la Selección no ganó nada. ¿Cuánto habrá que esperar para que, de nuevo, nos podamos sentir orgulloso de unos jugadores que dan más de lo que recibe? Y no me refiero a la prima que tenían pactada si ganaban el Mundial, sino a todas esas firmas que hay tras la Federación soltando pasta a cambio de que los jugadores sean la imagen, y nosotros, tan bobos, haciendo lo que nos piden.

Periodismo servil

Seguro que alguna enemistad me puedo crear cuando el lector haya visto de sopetón el titular que hoy destaco en este post, aunque mi intención no es otra que crear un sano debate sobre el periodismo que hoy nos rodea y que está, por desgracia (o por necesidad) en las instituciones. Esas dos palabras tienen una justificación, y no es otra que el tweet de mi profesora Sonia Blanco sobre las intenciones que pretende el candidato a la alcaldía de Málaga por el Partido Andalucista Javier Checa, un personaje que tiene su propio periódico on-line.

La intención del que fuera alcalde de la localidad jiennense de Torredonjimeno y ex mandatario del club de fútbol de esa ciudad es loable, respetuosa y muy digna. Colocar a un profesional de la comunicación titulado al frente de un gabinete de prensa en una institución sería lo lógico, y creo que algo que predomina en líneas generales, pero este discurso da un giro considerable cuando esta persona, por el hecho de que haya sido colocado por una organización política, cambia totalmente su rol y se convierte en un siervo más de quién, a final de mes, le abona el sueldo que lleva a su casa. Créanme. Sé de lo que hablo.

Quién me conoce sabe que me llevo dedicando a esta bendita profesión hace dos décadas. Sí, es cierto, no estoy titulado, pero mi experiencia me ha hecho ver tantas cosas que puedo hablar con conocimiento de causa de las atrocidades que hacen las organizaciones políticas cuando llega al poder. Durante más de diez años he trabajado lo más dignamente que he podido en la radio y televisión pública de Marbella. En más de una ocasión observé situaciones sangrantes, y tuve que  hacer cosas que va en contra de los principios del periodismo. Pese a todo, aguanté haciendo de tripas corazón y sintiendo vergüenza de lo que realizaba con tal de llevar el sueldo a casa. El pago por ese trabajo fue un despido que se produjo el pasado 4 de diciembre. He puesto el ejemplo de esta empresa, y que puede ser extrapolable a cualquier medio de comunicación público o gabinete de prensa (o de comunicación público) de este país. Por desgracia las noticias como tal pasan a un segundo o tercer plano, y el que toma protagonismo es el personaje que está alrededor de la misma.

Este razonamiento me lleva a cuestionarme ¿qué periodismo tenemos y queremos? Está claro que el que pretende el que paga, que al fin y al cabo es el que impone unas reglas de juego que si quieres aceptas de reniegas de ella. Tampoco el periodismo que conocemos en los medios tradicionales es que esté mucho mejor que el que acabo de describir, aunque ahí se disimula un poco más, salvo excepciones. Los periódicos, las emisoras de radio y las televisiones están gestionadas por macroempresas que, a su vez, están a merced de lo que el poder fáctico les dicta, esa misma autoridad que tienen unos pocos y que hacen y deshacen como quieren. No hay más que echar un vistazo a un periódico, oír una emisora de radio o ver cualquier canal de televisión generalista para darse cuenta que el mensaje que están transmitiendo está llevado a un terreno que no es el de todos, es el terreno de cada medio propone. Eso sí, después todos enarbolan la bandera de la imparcialidad.

Una vez aprendí que para hacer juicios de valor en esto del periodismo hay que contar con al menos dos versiones. Leer, escuchar o ver una misma noticia en dos plataformas distintas es un ejercicio muy sano para sacar conclusiones propias, y aun así, siempre quedan dudas.

¿Por qué no creo que WhatsApp sea un canal alternativo para las PYMES?

Hace unos días leí con mucho interés en el blog de Beatriz Riaño que WhatsApp es un canal alternativo para las PYMES. Argumentó cinco motivos por los que elegir dicha aplicación móvil que me resultaron muy interesante. Le respondí al tweet donde dejaba el enlace para leer el post diciendo: con todo el respeto, creo que no.

Sinceramente no veo en esta plataforma de comunicación ese canal para las pequeñas y medianas empresas, pese a que son éstas las que siempre tienen que estar innovando para llegar a su verdadero público, que es el más cercano.

El que no crea que WhatsApp es, ahora y al menos a medio plazo, un canal de comunicación perfecto para las PYMES quiera decir que esté en desacuerdo con todo lo escrito por Riaño, porque considero que describió algunos puntos que tiene su lógica y que apoyo en su totalidad.

Primer punto.   Whatsapp puede convertirse en un gran canal de comunicación interna, para satisfacer las necesidades a nivel organizacional. Su instantaneidad y versatilidad en cuanto a envíos de distintos formatos (videos, texto, imágenes, links, geolocalización), resulta muy interesante para satisfacer dichas necesidades a tiempo real y canalizar diferentes ideas, por parte de los trabajadores de una empresa. Además fomenta la pertenencia a un grupo o equipo organizacional”.

No pongo en duda que es una gran herramienta de comunicación interna, tanto para una sola empresa (con sus empleados) como para la organización en su conjunto. La instantaneidad es fundamental a la hora de enviar todos esos formatos que ha descrito y que son necesarios para tener algo que yo llamo sentimiento de pertenencia. Aunque a veces es mejor estar sólo, en situaciones de este tipo es clave la unión para el crecimiento empresarial, ya que como dicen los expertos, más de la mitad de este tejido aporta gran parte al PIB de nuestro país.

Segundo punto. “Whatsapp es un canal de comunicación económico, práctico e ilimitado. Además se puede utilizar en cualquier momento  y es ideal para complementar mensajería instantánea y multimedia”.

Totalmente de acuerdo. Más barato que gratis (al menos el primer año) no hay nada, y tras el segundo abonar menos de un euro cada doce meses no es un gran desembolso. Eso sí. WhatsApp (y ahora que lo ha comprado Fecebook) tendría mucho que mejorar en cosas tan básicas como la imagen o videollamadas entre otras, (esto es una apreciación muy personal que no creo que nos lleve a la más mínima discrepancia.

Tercer punto. “Es una plataforma con un gran poder de comunicación externa para las empresas. Con la que podemos comunicarnos con nuestros clientes potenciales, generando una conversación basada en la cercanía. Pero también es una forma de entablar una relación, mucho más estrecha, con nuestros proveedores”.

Este punto ya no lo veo tan claro, y lo argumento. “Es una Plataforma con un gran poder de comunicación externa para las empresas”. Estamos hablando de PYMES, de la tienda de al lado de casa (que no del súper, que también podría ser). Creo que soy de los pocos que todavía creen en este tipo de empresas. Te voy a poner un ejemplo que todavía tengo reciente. Hace poco renové las gafas, y de la óptica, me enviaron un mensaje por WhatsApp para decirme que ya las tenía lista y que podría acercarme por ellas. ¿Esa es la “conversación basada en la cercanía” a la que te refieres? Con los años, lo que ha cambiado es la típica llamada de teléfono por este tipo de mensajes, ya que el fin es el mismo: avisar. Cierto es que también se podría utilizar para avisar de ofertas promociones y acciones de este tipo, pero al tercer o cuarto mensaje seguro que no se le haría caso. Al menos yo esos mensajes los sentiría como spam.

Cuarto punto. “Es una herramienta de comunicación con gran poder de segmentación. Permite lanzar mensajes idóneos a grupos determinados, donde la retroalimentación o feedback está prácticamente asegurados”.

Tienes toda la razón, pero lo veo más enfocado entre las personas que no entre empresas o personas. Está claro que quién ejerza la retroalimentación es porque acepta recibir esos mensajes. En el momento que el feedback no se lleve a cabo, la comunicación está siendo inútil.

Quinto y último punto. “Esta aplicación móvil puede convertirse en un canal efectivo de atención al cliente. En una empresa es básico asegurar una buena política de gestión de información y de quejas. Con este canal se podrán resolver dudas en el momento y mantener informados ad hoc a nuestros clientes sobre promociones, descuentos …”

Para no ser reiterativo ya quedó respondida en el tercer punto.

Con esto lo que he pretendido dar mi versión del porqué no creo que WhatsApp sea, al menos hoy día, un canal de comunicación para las PYMES… al menos con sus clientes. Otra cosa sería entre colectivos empresariales, aunque el caso es lo mismo.

El ‘Cholo’ resurge al Atlético

Antes de nada pido disculpas por el retraso a la hora de incluir una nueva entrada en este blog, pero me he dejado llevar por los sentimientos que a veces tiene el mundo del balompié, y más cuando se trata del primer equipo de mi ciudad, el Marbella F. C. Precisamente también va de fútbol este post, y de lo que ha hecho mi otro equipo, el Atlético de Madrid, pero más enfocado al mensaje transmitido por su entrenador, Diego Pablo Simeone.

Diego Pablo Simeone. Foto: www.futbolargentino.com

De pasada diré que el ‘Cholo’ cogió las riendas de este Atlético de Madrid en un momento muy delicado deportivamente, y que, poco a poco, ha ido escalando posiciones en el escalafón hasta codearse con los dos ‘grandes’ de nuestro fútbol: el Real Madrid y el F. C. Barcelona.

“Humildad y trabajo”. Esas han sido las dos palabras que el técnico argentino ha mantenido desde su llegada a esa casa que tanto conoce, y con la que logró una liga en su etapa de jugador. Los periodistas que siguen habitualmente a este equipo deben estar casando de oír siempre lo mismo: “vamos partido a partido”, “esto es una carrera de fondo que gana el que mejor está”, “nosotros no somos favoritos de nada” y “nuestro trabajo está en la cancha y no en lo que digan los demás”, “debemos jugar el siguiente partido como si fuese el último”. Sin ser lapidarias,  estas frases han cuajado en una plantilla que ha creído en una filosofía, en el buen hacer de un entrenador y todo el staff técnico y en la confianza que ha tenido una afición que siempre creyó en las posibilidades de este equipo.

Pero de todo lo que ha dicho el ‘Cholo’ me quedo con una expresión que sí pasará a la historia: “Si se cree y se trabaja, se puede“. Simeone creyó en este equipo, la plantilla ha trabajado porque cree a su entrador, y si entre todos han podido es porque la fe de este conjunto ha superado todas las barreras.

Con esta frase que sí pasará a la historia, el preparador argentino ha dado en el clavo, y no sólo en la recomendación trasladada a su plantilla sino que, sin quererlo (o queriendo) ha lanzado un mensaje a todo el que quiere superarse a sí mismo. Si alguien pretende lograr un objetivo, además de proponérselo, tiene que trabajar por ello. Por cosas como estas hay gente que no tienen límites, sino que se lo digan a mi amigo Javier Mérida, partriatleta que el próximo mes de junio intentará bordear nadando la isla de Manhattan.

A veces una expresión vale más que muchas intenciones, siempre y cuando esté acompañada de sacrificio. El ‘Cholo’ ha resurgido al Atlético, y puede que esto sea sólo el principio de una larga y exitosa trayectoria de este club. El próximo reto lo tiene este sábado en la final de la Champions. ¿Logrará el doblete?

El otro fútbol

Me van a permitir cierta libertad para expresarme en este mi rincón y proponerles un tema a debate: el fútbol. Pero no el fútbol como deporte -que a día de hoy tiene menos de deporte y más de espectáculo-, sino como léxico, como manera de acercarse a las masas aumentando con ello el gen de ese mal llamado “opio del pueblo”, y más ahora cuando muchos ciudadanos de este país están pasando penurias que el balompié es capaz de aliviarlas a límites insospechados.

El periodismo deportivo ha cambiado notablemente, y ya no es lo que era. No hay más que echar un vistazo a la televisión, oír los principales programas de radio y leer la prensa escrita generalista para darse cuenta que el fútbol vende mucho más de lo que muchos nos imaginamos. Ahora ya no se habla ni se dialoga; ahora se discute, y todo provocado por ese lenguaje que esbozan los medios de comunicación. Hoy día prima más la provocación y el llamar la atención que la propia información, de ahí que este deporte y todo lo que rodea se haya “salvamenizado” (palabro que me acabo de inventar para hacer una semejanza con programa de Tele 5 Sálvame) y caer en la tentación de sacar los “trapos sucios” que no lo que de verdad le interesa al verdadero aficionado al fútbol.

Imagino que ya se habrán dado cuenta que me refiero a las tertulias nocturnas televisivas: Tiki-Taka (Mediaset) y El Chiringuito (Atresmedia), esta última la herencia de Punto Pelota (Intereconomía). No es mi intención en este post referirme a la información como tal, sino a cómo es tratada, y el hecho de que, como en las guerras, tengan que haber vencedores y vencidos. Debo reconocer que algunas noches de insomnio me he permitido el lujo de sufrir viendo, y lo digo como siento, un espectáculo dantesco donde se estilan las broncas, los gritos, las provocaciones, seudoamenazas… En fin: un mal estilo del periodismo deportivo, o al menos de lo que yo entiendo con esta bendita profesión.

¿Hay que llegar a estos extremos para empatizar con el aficionado? ¿Tanto ha cambiado el periodismo que es la única manera de entenderlo? Si hace unos años, un lunes, una persona acudía a su trabajo para hablar de lo que ha hecho su equipo, ahora el partido ha quedado a un segundo o tercer plano y ya se habla en otros términos.

¿Viste anoche en tal cadena lo que dijo fulano? Si es que tiene toda la razón, hombre. El ‘hijoputa’ del árbitro nos perjudicó porque no fue penalti. Además, el periodista, encima, le defendía. Vaya atajos de ignorantes. Cuando le vea por la calle le voy a decir cuatro cosas”.

Evidentemente lo descrito anteriormente es una simulación y con cierta educación, porque el lenguaje usado es mucho más duro y con un léxico más barriobajero. Hemos llegado a un punto, no sé si de no retorno, pero la información deportiva ya no es lo que era. Tampoco la prensa escrita se salva. Y lo digo hoy 3 de mayo,  que es el día Mundial de la Libertad de Prensa. Como periodista también tengo derecho a expresarme y dar mi opinión de cómo se trata la información, algo que a día de hoy se asemeja a la prensa amarilla que al verdadero periodismo deportivo.

No solo en televisión hay broncas con el “enemigo”. En la prensa escrita también existen rincones en los que algunos se desahogan.

¿Hasta dónde puede llegar la imaginación de los políticos? O asesores, perdón

Sin que sirva de precedente, vamos a jugar a la política ficción, término que más de una vez he oído en mi vida y no logro ponerle nombre a quién lo dijo. Ahora que está próxima las elecciones europeas, ¿se imaginan que un actor o actriz tipo Schwarzenegger, Tom Cruise o Sharon Stone pidiendo el voto para Cañete (PP) o Elena Valenciano (PSOE)? No le den más vueltas a la cabeza más porque puede producirse. Les pongo en antecedente. Este artículo que he leído en Marketin Directo prueba que ideas como estas pueden llevarse a cabo. Angela Merkel no ha tenido una mejor ocurrencia para llamar la atención de los electores germanos, que los dobladores de Bruce Willis y Julia Roberts sean los que pongan las voces para pedir el voto para la formación de esta mujer que, más que gobernar su país, se ha hecho con el dominio del resto de Europa, incluida España.

Reconozco que la idea, más que ingeniosa, es malévola, y es que todavía hay gente que es capaz de creer que estos personajes se prestan a ello. Dicen los que están al día de la política que las elecciones europeas que se celebrarán a finales de mayo será la que más abstención tenga de todas las que se han celebrado hasta el momento. ¿Razón? El descontento del pueblo llano con quién nos gobierna, de ahí que se tengan que inventar acciones de este tipo para llamar la atención del votante.

Traslademos esa idea a nuestro país y juguemos a formar parejas; personaje relevante con el político de turno pidiendo el voto a esas criaturas que acuden a espacios destinados para tal fin.

Miguel Arias Cañete (PP) vs Arnold Schwarzenegger.
Elena Valenciano (PSOE) vs Bruce Springsteen.
Willy Meyer (IU) vs Fidel Castro o su hermano Raúl.
Pablo Iglesias (Podemos) vs Hugo Chavez (DEP) o en su defecto, Nicolás Maduro.
Hervé Falciani (Partido X) vs Julian Assange.
Elpidio José Silva (Movimiento RED) vs Baltasar Garzón. (Entre jueces anda el juego)

Esto ha sido una pequeña licencia que me he permitido sin querer molestar a nadie, pero como está el patio, mejor tomarse este tipo de historias con algo de filosofía. Con esto, lo único que quiero decir es que la imaginación no tiene límites, y cualquier cosa es buena para intentar llegar a un electorado que cada día que pasa cree menos en la clase política, sobre todo en una época en la que aparecen nuevos partidos y formaciones hasta debajo de las piedras. Para las próximas elecciones europeas, nada menos que cuarenta y un partidos y coaliciones se presentarán en busca de una representación parlamentaria en el espectro continental; desde los tradicionales hasta los inimaginables. Si no me creen, échele un vistazo al BOE como servidor ha hecho para lograr sacar algunos de los nombres que he detallado en la pequeña relación que realizado con anterioridad.

¿Sabe Mariló Montero diferenciar la sátira de la crítica constructiva?

Pongámonos en antecedentes. Cierto que la presentadora de La Mañana de RTVE es capaz de derrochar amor y odio a partes iguales, comentarios que serán buenos, malos o regulares; según a quién se le pregunte. Debo decir que no soy un asiduo a su programa, y cuando lo veía, siempre hacía coincidir la puesta en marcha de esa caja tonta (cada día menos tonta porque algunas tienen hasta Internet) con la hora de la receta de cocina. Hasta ahí vamos bien, sobre todo cuando en los programas de zapping no había día que no sacaran algunos de sus comentarios porque no era capaz de diferenciar lo que la periodista decía con lo que quería interpretar. Es decir: hago un comentario sin tener en cuenta la repercusión que puede tener, como aquello que dijo que si en el órgano vital de la persona estaba también su alma.

Mariló Montero, en el plató de La Mañana. Foto: dclm.es

Me ha llamado la atención este artículo publicado por Europa Press en el que dice: Mariló Montero emprende acciones legales contra ‘El Mundo Today’ por injurias. El artículo de El Mundo Today es para echar unas risas y poco más, sobre todo cuando los autores son capaces de sacar a relucir todo el sarcasmo para mofarse hasta de su propia sombra. Reconozco que para gustos están los colores, y a muchos les gustará más o menos este tipo de comentarios.

La otra viene de Elsa López, miembro del consejo editorial de La Opinión de Tenerife. En el artículo (de opinión) le da hasta en el carné de identidad, y es que la escritora hace un dibujo muy real del personaje que ha sido capaz de crear Mariló Montero en televisión, al menos de lo que he observado cuando he visto su programa.

No quiero utilizar este blog para desprestigiar a una persona que no conozco de nada ni tampoco entrar a valorar las descalificaciones que utiliza Elsa López con la presentadora. A estas alturas de la película, Mariló sólo es capaz de analizar las críticas y la sátira como algo que va en su contra, pero bien podría mirarse el ombligo echando la vista atrás para analizar los errores que ha cometido y que, a esos ataques, de la única manera que quiere contrarrestarlo es a través de las acciones legales y judiciales.

A Dios rogando…

…Y con el mazo dando. Una frase tan popular del refranero español es lo único que se me ocurre en estos momentos para calificar la inapropiada reflexión que realizó ayer el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, en la homilía del funeral de Adolfo Suárez, el primer presidente del Gobierno de España tras cuarenta años de dictadura en este país. Hoy todavía resuenan los ecos de una expresión que, para mi, no hace más que avivar el fuego de una llama que creíamos apagada sobre uno de los acontecimientos más penoso: la Guerra Civil.

Rouco Varela, en el funeral de Adolfo Suárez. Foto abc.es

El prelado no tuvo mejor ocurrencia que rememorar viejos fantasmas para engrandecer la figura de Suárez y la importancia de éste en la vida política nacional, refiriéndose a “aquella España que, con sus jóvenes, quería superar para siempre la Guerra Civil”, añadiendo seguidamente, “los hechos y las actitudes que la causaron y que la pueden causar”.

Sinceramente, ¿hay motivos para pensar que una desgracia como la que ocurrió hace setenta y ocho años pueda volver a ocurrir? ¿Qué se le pasó a este buen hombre por la cabeza para recordar uno de los hechos más lamentable de la historia más reciente?

Desconozco -aunque no pondría la mano en el fuego- si esas palabras lanzadas por el ex presidente de la Conferencia Episcopal Española no sería un argumento banal para celebrar el 75 aniversario del final del este trágico episodio. Esta mañana oí al historiador Emilio Lledó en la Cadena SER decir que, cuando tenía once años, vio en Madrid la entrada triunfal de los Nacionales una vez que se había dado por finalizada la guerra, y recuerda aún cómo este desfile lo abría un cura que portaba una gran cruz. Iglesia, Guerra Civil, ¿casualidad?

Rouco Varela me recuerda la figura de un anacoreta, y su mensaje está más que desfasado. La iglesia española siempre se sirvió y se aprovechó del Régimen, o mejor dicho, los más férreos defensores veían como ese mensaje tan hipócrita les venía como anillo al dedo. ¿Cómo es posible que en un país laico siga prevaleciendo aún las conductas impropias de una organización y los comentarios de quiénes la representa? Eso sí. Los únicos que siguen viendo que lo que dice la Iglesia va a misa son los mismos. Lo que si deseo es que ese presagio que ha tenido el cardenal arzobispo nunca llegue a producirse.