Ocho apellidos vascos, y el cine español

No puedo negar que ayer me divertí como un niño viendo la película Ocho apellidos vascos. La sala estaba casi llena pese a que lleva una semana en cartelera. Más que por la promoción en sí, el éxito se debe fundamentalmente al boca a boca. Desde que se estrenó, ha sido raro el día que no me haya cruzado con alguien o haya oído a terceros hablar la misma, y todos esos comentarios han sido totalmente positivos.

La historia, a mi entender, hace una crítica profunda a las etiquetas y estereotipos que hasta hace poco teníamos de nosotros mismos. Un argumento valiente, seguro, y que es capaz de echar por tierra todas esas comparaciones que nos hacían a unos mejores que otros. Ese mensaje, al menos en la sociedad, creo que ha cambiado, salvo cuando unos cuantos quieren hacernos a entender que lo mejor para salvaguardar la patria es la unidad, pese a que provoque el efecto contrario.

Lo más significativo del mensaje que la historia quiere trasladar es que se hace con un humor inteligente, con gracia, y que no molesta a nadie. Al menos, a día de hoy, no me he encontrado con ningún vasco (y cada día me cruzo con unos cuantos) que le haya molestado ese papel que se difunde. Ni yo como andaluz, tampoco, porque ambos conceptos están tan exagerado que provoca nos riamos de todo.

Creo que es la primera vez en mi vida que hago crítica a una película, y me he sentido tan a gusto que no descartaría volver a repetir la experiencia. Con esto no quiero decir me vaya a dedicar a esto de hacer comentarios para que otros tomen nota y me hagan caso. La crítica está en cada uno y en como quiera gestionar sus gustos. Ante todo respeto. Cuando uno va al cine a ver una película lo hace por gusto, y no por obligación. Alguna que otra vez he leído críticas de películas que luego me han parecido todo lo contrario. Con esto no quiero decir que lo haya descrito en este post sea doctrina. Ni mucho menos. Ha sido una visión muy particular de una película con la que me he divertido como hacía tiempo que no lo hacía. Ahora, para gustos, los colores, y estos son los míos.