en Emprendimiento

Aprender de los errores

La frase que más suele utilizar un veterano para animar a un novato es que “de los errores se aprende”. Evidentemente nadie nace sabiendo, y sólo el afán de superación es lo que le hace a uno que intente salvar cada día los obstáculos que se encuentran por el camino. Son muchos los motivos que puede llevar a una persona a emprender, a depender de sí mismo, y a ser capaz de gestionar todos los recursos que tiene a su alcance para culminar un reto. Apostar por una iniciativa ya es un detalle importante, pero si además acierta en la decisión y es capaz de eliminar todas las barreras, el éxito está asegurado, o al menos existen escasas opciones para el fracaso.


Hasta cierto punto me puedo considerar un emprendedor, un creador de empresa que un día fui capaz de iniciar y llevar a cabo un proyecto, un proyecto que fracasó. ¿Por qué? Muy fácil. No tenía ni idea de cómo gestionar lo que mis manos y mi cabeza crearon. Mi profesión me condujo al mundo de la verdadera gestión de la comunicación, a esa fábrica de crear noticas para los medios. Redactar un comunicado o una nota de prensa es relativamente sencillo siempre que se tengan todos los detalles de la información que se quiera ofrecer. Tampoco es muy difícil gestionar una conferencia de prensa. Lo importante, y para que tenga éxito, es conocer los tiempos, los temas del día y garantizar la presencia de los medios. Con ello puedes tener asegurado un hueco en la agenda setting. Pero una empresa de comunicación no sirve solo para hacer notas, comunicados y organizar ruedas de prensa. Es mucho más. El contacto con el posible cliente es determinante.


Mi principal error fue dejarme llevar por lo que hacían los demás en vez de aplicar las técnicas y todo lo que aprendí como informador. No supe seleccionar al público objetivo, no realicé un análisis del entorno, no llevé a cabo ningún tipo de estudio para conocer si era el momento más adecuado e invertir parte de los ahorros en el proyecto. No tuve en cuenta a mi competencia, que era mayor de la esperada.


Pese a todo, el tiempo me dijo que, si hubiese aplicado mis propias ideas, el proyecto seguiría vivo, o al menos no hubiese tenido su ocaso a los pocos meses de su creación. Aprendí que no todo lo que hace el rival es lo mejor, y que las ideas de uno, por muy elementales que pudieran parecer, no eran del todo malas. Había que aplicarlas en el momento adecuado. No supe hacerlo. Cuando realicé el verdadero análisis fue muy tarde, con el consiguiente gasto de tiempo y dinero empleado. Tras más de un lustro sigo confiando en la viabilidad de una empresa de comunicación, pero cada cosa a su tiempo. Dicen que la paciencia es un grado.

Este post fue escrito por un servidor en el blog Empresa de Comunicación el 16 de marzo de 2012 para un proyecto de innovación educativa de la Universidad de Málaga, enmarcado dentro de la asignatura de Empresa de Comunicación con fines docentes y educativos del curso 2011/2012.