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El ‘Pinkwashing’ como estrategia de marketing

Debo reconocer que han sido pocas las veces que he oído, leído o visto en algún lugar la palabra pinkwashing, que si la traducimos viene a decir algo así como lavado rosa. Pero esa traducción casi literal nada tiene que ver con la realidad, aunque en el fondo no es más que un gran lavado de cara que una organización cualquiera pone en marcha para no verse salpicado por las críticas que tiene por su condición, ideales o políticas internas.

Imagen del Orguyo Gay de 2017. FOTO. Cuarto Poder

La palabra en cuestión ha tomado protagonismo en los últimos meses, y más aún este domingo pasado en la manifestación que los tres partidos de la derecha de España (PP, Ciudadanos y VOX) llevaron a cabo en la plaza de Colón de Madrid en contra del Gobierno. Ahí es cuando al líder de la formación naranja, Albert Rivera, se le ve hablando ante los medios de comunicación rodeado de personas que, algunas, portaban la bandera arcoiris que defienden al colectivo de LGTBI+. ¿Qué pretendía Rivera con esta acción? ¿Lavar su imagen y la de su partido político? Digo yo que cuando llevas a cabo una acción de este tipo es porque en tu interior tienes algo que esconder, y que mejor que limpiar cualquier duda al respecto para no verse salpicado y para que no te llamen homófobo. Con esto no estoy describiendo a Rivera ni a su partido, aunque me da a mi que si llevas a cabo estrategias de este tipo es porque te puedes sentir culpable de algo. También, quién sabe, sea un guiño al colectivo, o no.

La conclusión que saco de todo esto es que no es más que una pésima acción de comunicación que te puede dejar marcado de por vida sino eres lo suficientemente listo. El pinkwashing nació en la década de los 90 cuando la Breast Cancer Action (Acción contra el Cáncer de Mama) denunció la hipocresía de las empresas que interesadamente apoyaban la lucha con esta enfermedad.

Otra acción de pinkwashing se realizará en pocos meses. Como saben, Israel será la sede que acoja el próximo Festival de Eurovisión, organización que le pertenece al país ganador del año anterior. Los colectivos de LGTBI+, mayoritarios en estos tipos de acontecimientos, se han desvinculado por completo y no quieren ser partícipes de lo que llaman una “farsa” por la imagen de progreso que está queriendo ofrecer el país cuando mantiene el conflicto bélico con Palestina.

En definitiva y para resumir, el pinkwashing es una RSC (Responsabilidad Social Corporativa) barata y mala. Como si una empresa que desprende residuos tóxicos y destruye ríos y mares, un día se decide hacer una obra de caridad sembrando árboles.