El periodista y el camarero: y como la vida sigue igual

No voy a negar que haya llegado un poco tarde a dar mi opinión sobre esta bonita historia, y de lo que realmente significa luchar cada mañana con los obstáculos que nos encontramos en nuestras vidas. Descubrí el vídeo de El periodista y el camarero gracias al libro de Marta Franco y Miquel Pellicer, Optimismo para periodistas. Claves para entender los nuevos medios de comunicación en la era digital. En el mismo, los autores reflejan cómo hay que reinventarse y reciclarse cada poco tiempo para estar a la vanguardia de una profesión que no está pasando por su mejor momento. En él se hace mención al documental citado con anterioridad, donde en poco más de cinco minutos muestra la vida de un joven que tiene que dejar de lado eso por lo que tanto ha luchado: el periodismo. Charlie Nelson dirigió esta magnífica pieza que tiene como único protagonista a Nacho Chaparro, ese periodista que se tuvo que reconvertir en camarero para sobrevivir.

Mi admirado Pablo Herreros hizo en su día un análisis muy acertado del documental,  donde expone un punto de vista que, tres años después, sigue estando igual o peor que entonces. Digo pero porque yo también he sufrido, como muchos compañeros, el no poder ejercer esta profesión por la que tanto he luchado. Eso sí, los brazos no los he bajado aún ni pienso decaer en poder seguir viviendo del periodismo.

Hay quién dice también que este vídeo demuestra la sobrecualificación para desempeñar un puesto de trabajo. Eso es algo que nos hemos ido ganando a pulso. El tiempo ha dado la posibilidad a mucha gente de prepararse para ser competitivos en la vida laboral, pero esa cualificación no ha servido para garantizarse un puesto de trabajo acorde a la formación de cada uno.

También los hay, y no se muerden la lengua al decirlo, “que hemos vivido por encima de nuestras posibilidad”, algo con lo que no estoy nada de acuerdo, porque si ha habido alguien que haya vivido de esa manera es que otros lo han permitido; véase, por ejemplo, aquellos anuncios de bancos donde te daban más de lo que realmente necesitaba. Ésa ha podido ser una de las aristas por la que estamos sufriendo esta maldita crisis. El periodismo no ha vivido ajeno a ello, aunque gracias a esta profesión, conocemos casos de cómo unos cuantos de hijos de puta se lo han llevado crudo, y nos ha llevado a pasar por un océano sin salvavidas alguno.

Ojalá ese chico del vídeo haya encontrado un puesto de trabajo acorde a su formación, así como un camarero cualificado se haya hecho cargo de la vacante dejada por el periodista, porque nunca esta profesión será una mala elección.