La edad de oro del boxeo: Manuel Alcántara en estado puro

No tengo delante de mí un Dry Martini. Quizás porque no encontraría argumentos para saborear una bebida que está hecha para los Maestros y para héroes que son capaces de salvar al mundo con sólo mencionar su nombre. Un café bien cargado para dar de lado a la morriña vespertina y veraniega es lo que me acompaña para intentar describir la sensación de haber leído ‘La edad de oro del boxeo. 15 asaltos de leyenda‘, un libro creado por los periodistas Agustín Rivera y Teodoro León Gross sobre las mejores crónicas del “noble arte” realizadas por Manuel Alcántara en el diario Marca entre 1967 y 1978.

Manuel Alcántara. Foto: www.sur.es

Sinceramente debo decir que no ha sido un  libro más. He tenido en las manos un ejemplar que me ha llevado a recordar mi niñez asemejándola a la que describe Alcántara, cuando bajaba de su casa en la calle del Agua para ver boxear a púgiles que se juntaban en el descampado colindante de Lagunillas en la posguerra malagueña. En mi barrio no había ring, ni tampoco había que rasgarse para llevarse un trozo de pan a la boca, aunque sí la miseria que lastraba cuatro décadas de dictadura.

Reconozco y admito que, salvo las columnas que a diario escribe Manuel Alcántara en SUR, nunca había leído nada suyo. Sé que lo que estoy diciendo es un gran pecado, pero lo bueno es que podré recuperar el tiempo perdido ahora que he conocido unas migajas de su obra relatadas en un periódico que, seguro, no se parece en nada al cronismo que hoy se realiza.

De algunos de esos combates que relata el libro guardo un vago recuerdo en mi memoria gracias a las tertulias del bar Guerra. Allí, días después de los combates, vecinos y amigos de mi padre y mi tío Antonio, se reunían con la compañía de unos vasos de Tío Pepe para hablar de las hazañas de Legrá, Perico Fernández o Pacheco. Sentado junto a ellos estaba un servidor, que daba buena cuenta de una Mirinda de naranja acompañada por unos calamares fritos.

Pocas veces tuve la oportunidad de ver un combate por televisión en aquellas retransmisiones en blanco y negro. La media noche no era el mejor horario para que un niño estuviera delante de la pantalla. Cuando alcanzaba estar despierto, no era capaz de aguantar dos asaltos. Era tal la fuerza que ejercía Morfeo que me dejaba ko.

Siempre he considerado el boxeo un deporte de caballeros pese a la dureza que se ejerce. Las crónicas de Manuel Alcántara son únicas, como los combates de entonces, así como la nobleza de esos peleadores que saltaban al ring de las doce cuerdas para tumbar al rival. Ahora el boxeo en televisión está desaparecido. Se echa de menos esos combates que hasta no hace mucho tiempo programaba Marca TV. Seguro que Alcántara trasnocharía para ver peleas que, pese a ser actuales, le recordarían su época de cronista, y los gritos de su madre cuando le decía. “Manolo, bájate con los boxeadores”.