Periodismo servil

Seguro que alguna enemistad me puedo crear cuando el lector haya visto de sopetón el titular que hoy destaco en este post, aunque mi intención no es otra que crear un sano debate sobre el periodismo que hoy nos rodea y que está, por desgracia (o por necesidad) en las instituciones. Esas dos palabras tienen una justificación, y no es otra que el tweet de mi profesora Sonia Blanco sobre las intenciones que pretende el candidato a la alcaldía de Málaga por el Partido Andalucista Javier Checa, un personaje que tiene su propio periódico on-line.

La intención del que fuera alcalde de la localidad jiennense de Torredonjimeno y ex mandatario del club de fútbol de esa ciudad es loable, respetuosa y muy digna. Colocar a un profesional de la comunicación titulado al frente de un gabinete de prensa en una institución sería lo lógico, y creo que algo que predomina en líneas generales, pero este discurso da un giro considerable cuando esta persona, por el hecho de que haya sido colocado por una organización política, cambia totalmente su rol y se convierte en un siervo más de quién, a final de mes, le abona el sueldo que lleva a su casa. Créanme. Sé de lo que hablo.

Quién me conoce sabe que me llevo dedicando a esta bendita profesión hace dos décadas. Sí, es cierto, no estoy titulado, pero mi experiencia me ha hecho ver tantas cosas que puedo hablar con conocimiento de causa de las atrocidades que hacen las organizaciones políticas cuando llega al poder. Durante más de diez años he trabajado lo más dignamente que he podido en la radio y televisión pública de Marbella. En más de una ocasión observé situaciones sangrantes, y tuve que  hacer cosas que va en contra de los principios del periodismo. Pese a todo, aguanté haciendo de tripas corazón y sintiendo vergüenza de lo que realizaba con tal de llevar el sueldo a casa. El pago por ese trabajo fue un despido que se produjo el pasado 4 de diciembre. He puesto el ejemplo de esta empresa, y que puede ser extrapolable a cualquier medio de comunicación público o gabinete de prensa (o de comunicación público) de este país. Por desgracia las noticias como tal pasan a un segundo o tercer plano, y el que toma protagonismo es el personaje que está alrededor de la misma.

Este razonamiento me lleva a cuestionarme ¿qué periodismo tenemos y queremos? Está claro que el que pretende el que paga, que al fin y al cabo es el que impone unas reglas de juego que si quieres aceptas de reniegas de ella. Tampoco el periodismo que conocemos en los medios tradicionales es que esté mucho mejor que el que acabo de describir, aunque ahí se disimula un poco más, salvo excepciones. Los periódicos, las emisoras de radio y las televisiones están gestionadas por macroempresas que, a su vez, están a merced de lo que el poder fáctico les dicta, esa misma autoridad que tienen unos pocos y que hacen y deshacen como quieren. No hay más que echar un vistazo a un periódico, oír una emisora de radio o ver cualquier canal de televisión generalista para darse cuenta que el mensaje que están transmitiendo está llevado a un terreno que no es el de todos, es el terreno de cada medio propone. Eso sí, después todos enarbolan la bandera de la imparcialidad.

Una vez aprendí que para hacer juicios de valor en esto del periodismo hay que contar con al menos dos versiones. Leer, escuchar o ver una misma noticia en dos plataformas distintas es un ejercicio muy sano para sacar conclusiones propias, y aun así, siempre quedan dudas.