¿Por qué no creo que WhatsApp sea un canal alternativo para las PYMES?

Hace unos días leí con mucho interés en el blog de Beatriz Riaño que WhatsApp es un canal alternativo para las PYMES. Argumentó cinco motivos por los que elegir dicha aplicación móvil que me resultaron muy interesante. Le respondí al tweet donde dejaba el enlace para leer el post diciendo: con todo el respeto, creo que no.

Sinceramente no veo en esta plataforma de comunicación ese canal para las pequeñas y medianas empresas, pese a que son éstas las que siempre tienen que estar innovando para llegar a su verdadero público, que es el más cercano.

El que no crea que WhatsApp es, ahora y al menos a medio plazo, un canal de comunicación perfecto para las PYMES quiera decir que esté en desacuerdo con todo lo escrito por Riaño, porque considero que describió algunos puntos que tiene su lógica y que apoyo en su totalidad.

Primer punto.   Whatsapp puede convertirse en un gran canal de comunicación interna, para satisfacer las necesidades a nivel organizacional. Su instantaneidad y versatilidad en cuanto a envíos de distintos formatos (videos, texto, imágenes, links, geolocalización), resulta muy interesante para satisfacer dichas necesidades a tiempo real y canalizar diferentes ideas, por parte de los trabajadores de una empresa. Además fomenta la pertenencia a un grupo o equipo organizacional”.

No pongo en duda que es una gran herramienta de comunicación interna, tanto para una sola empresa (con sus empleados) como para la organización en su conjunto. La instantaneidad es fundamental a la hora de enviar todos esos formatos que ha descrito y que son necesarios para tener algo que yo llamo sentimiento de pertenencia. Aunque a veces es mejor estar sólo, en situaciones de este tipo es clave la unión para el crecimiento empresarial, ya que como dicen los expertos, más de la mitad de este tejido aporta gran parte al PIB de nuestro país.

Segundo punto. “Whatsapp es un canal de comunicación económico, práctico e ilimitado. Además se puede utilizar en cualquier momento  y es ideal para complementar mensajería instantánea y multimedia”.

Totalmente de acuerdo. Más barato que gratis (al menos el primer año) no hay nada, y tras el segundo abonar menos de un euro cada doce meses no es un gran desembolso. Eso sí. WhatsApp (y ahora que lo ha comprado Fecebook) tendría mucho que mejorar en cosas tan básicas como la imagen o videollamadas entre otras, (esto es una apreciación muy personal que no creo que nos lleve a la más mínima discrepancia.

Tercer punto. “Es una plataforma con un gran poder de comunicación externa para las empresas. Con la que podemos comunicarnos con nuestros clientes potenciales, generando una conversación basada en la cercanía. Pero también es una forma de entablar una relación, mucho más estrecha, con nuestros proveedores”.

Este punto ya no lo veo tan claro, y lo argumento. “Es una Plataforma con un gran poder de comunicación externa para las empresas”. Estamos hablando de PYMES, de la tienda de al lado de casa (que no del súper, que también podría ser). Creo que soy de los pocos que todavía creen en este tipo de empresas. Te voy a poner un ejemplo que todavía tengo reciente. Hace poco renové las gafas, y de la óptica, me enviaron un mensaje por WhatsApp para decirme que ya las tenía lista y que podría acercarme por ellas. ¿Esa es la “conversación basada en la cercanía” a la que te refieres? Con los años, lo que ha cambiado es la típica llamada de teléfono por este tipo de mensajes, ya que el fin es el mismo: avisar. Cierto es que también se podría utilizar para avisar de ofertas promociones y acciones de este tipo, pero al tercer o cuarto mensaje seguro que no se le haría caso. Al menos yo esos mensajes los sentiría como spam.

Cuarto punto. “Es una herramienta de comunicación con gran poder de segmentación. Permite lanzar mensajes idóneos a grupos determinados, donde la retroalimentación o feedback está prácticamente asegurados”.

Tienes toda la razón, pero lo veo más enfocado entre las personas que no entre empresas o personas. Está claro que quién ejerza la retroalimentación es porque acepta recibir esos mensajes. En el momento que el feedback no se lleve a cabo, la comunicación está siendo inútil.

Quinto y último punto. “Esta aplicación móvil puede convertirse en un canal efectivo de atención al cliente. En una empresa es básico asegurar una buena política de gestión de información y de quejas. Con este canal se podrán resolver dudas en el momento y mantener informados ad hoc a nuestros clientes sobre promociones, descuentos …”

Para no ser reiterativo ya quedó respondida en el tercer punto.

Con esto lo que he pretendido dar mi versión del porqué no creo que WhatsApp sea, al menos hoy día, un canal de comunicación para las PYMES… al menos con sus clientes. Otra cosa sería entre colectivos empresariales, aunque el caso es lo mismo.

El ‘Cholo’ resurge al Atlético

Antes de nada pido disculpas por el retraso a la hora de incluir una nueva entrada en este blog, pero me he dejado llevar por los sentimientos que a veces tiene el mundo del balompié, y más cuando se trata del primer equipo de mi ciudad, el Marbella F. C. Precisamente también va de fútbol este post, y de lo que ha hecho mi otro equipo, el Atlético de Madrid, pero más enfocado al mensaje transmitido por su entrenador, Diego Pablo Simeone.

Diego Pablo Simeone. Foto: www.futbolargentino.com

De pasada diré que el ‘Cholo’ cogió las riendas de este Atlético de Madrid en un momento muy delicado deportivamente, y que, poco a poco, ha ido escalando posiciones en el escalafón hasta codearse con los dos ‘grandes’ de nuestro fútbol: el Real Madrid y el F. C. Barcelona.

“Humildad y trabajo”. Esas han sido las dos palabras que el técnico argentino ha mantenido desde su llegada a esa casa que tanto conoce, y con la que logró una liga en su etapa de jugador. Los periodistas que siguen habitualmente a este equipo deben estar casando de oír siempre lo mismo: “vamos partido a partido”, “esto es una carrera de fondo que gana el que mejor está”, “nosotros no somos favoritos de nada” y “nuestro trabajo está en la cancha y no en lo que digan los demás”, “debemos jugar el siguiente partido como si fuese el último”. Sin ser lapidarias,  estas frases han cuajado en una plantilla que ha creído en una filosofía, en el buen hacer de un entrenador y todo el staff técnico y en la confianza que ha tenido una afición que siempre creyó en las posibilidades de este equipo.

Pero de todo lo que ha dicho el ‘Cholo’ me quedo con una expresión que sí pasará a la historia: “Si se cree y se trabaja, se puede“. Simeone creyó en este equipo, la plantilla ha trabajado porque cree a su entrador, y si entre todos han podido es porque la fe de este conjunto ha superado todas las barreras.

Con esta frase que sí pasará a la historia, el preparador argentino ha dado en el clavo, y no sólo en la recomendación trasladada a su plantilla sino que, sin quererlo (o queriendo) ha lanzado un mensaje a todo el que quiere superarse a sí mismo. Si alguien pretende lograr un objetivo, además de proponérselo, tiene que trabajar por ello. Por cosas como estas hay gente que no tienen límites, sino que se lo digan a mi amigo Javier Mérida, partriatleta que el próximo mes de junio intentará bordear nadando la isla de Manhattan.

A veces una expresión vale más que muchas intenciones, siempre y cuando esté acompañada de sacrificio. El ‘Cholo’ ha resurgido al Atlético, y puede que esto sea sólo el principio de una larga y exitosa trayectoria de este club. El próximo reto lo tiene este sábado en la final de la Champions. ¿Logrará el doblete?

House of Cards: Como la vida misma

Hace algunas semanas hice una pequeña y particular incursión en la crítica cinematográfica con la película Ocho apellidos vascos, y la verdad es que me sentí muy cómodo exponiendo mis gustos sobre la cinta, obra que se ha convertido en la más taquillera de cine español. Hoy quiero dar un paso más y argumentar mi parecer de una serie que está rompiendo moldes: House of Cards.

Cierto es que hasta un par de meses no sabía que existía. La profesora Sonia Blanco (de la que ya he comentado en más de una ocasión en este blog) nos ha hablado durante sus clases  de esta singular serie y de la plataforma en la que estaba siendo emitida. Al igual que no sabía nada de la serie, también desconocía que era Netflix y, sinceramente, ambas cosas han sido un descubrimiento muy especial para mí. Decir que Netflix, en pocas palabras, es un portal de internet en el que se pueden ver series a demanda. Es decir: todos los capítulos de la serie en cuestión están a disposición del abonado y, si quiere ver uno, dos o tres del tirón lo puede hacer, o como si quiere visionarse toda la temporada de principio a fin si levantarse del sofá. En España sólo la podemos ver por Canal+.

He de decir que la serie que protagoniza Kevin Spacey ha cubierto todas las expectativas que tenía sobre ella. Sin destripar el argumento, no se puede negar que es un puro retrato de lo miserable que puede ser la política, la ambición y el poder. Todo tiene una relación considerable cuando, capítulo a capítulo, se entrelazan tramas que nos hacen mantenerla tensión.

Salvando las distancias, House Of Cards nos puede dar una aproximación muy exacta de nuestra política, la más doméstica que tengamos o bien desde el prisma que el lector quiera. Imagínense a Bárcenas, los EREs, el intento de la privatización sanitaria, Gürtel o la propia Operación Malaya, cualquier caso de corrupción elevado a la máxima potencia, y todo, con los tres elementos principales citados con anterioridad.

También es cierto que la serie aporta una visión -y con la que el espectador debe hacer su propia crítica- en que la corrupción es algo que se da por hecho, que se justifica, y que cualquier elemento es válido para conseguir lo que uno se proponga. En definitiva, que un personaje de perfil bajo sea capaz de lograr todo el poder a base de mentiras, engaños y manipulación. Créanme: como la vida misma.

El otro fútbol

Me van a permitir cierta libertad para expresarme en este mi rincón y proponerles un tema a debate: el fútbol. Pero no el fútbol como deporte -que a día de hoy tiene menos de deporte y más de espectáculo-, sino como léxico, como manera de acercarse a las masas aumentando con ello el gen de ese mal llamado “opio del pueblo”, y más ahora cuando muchos ciudadanos de este país están pasando penurias que el balompié es capaz de aliviarlas a límites insospechados.

El periodismo deportivo ha cambiado notablemente, y ya no es lo que era. No hay más que echar un vistazo a la televisión, oír los principales programas de radio y leer la prensa escrita generalista para darse cuenta que el fútbol vende mucho más de lo que muchos nos imaginamos. Ahora ya no se habla ni se dialoga; ahora se discute, y todo provocado por ese lenguaje que esbozan los medios de comunicación. Hoy día prima más la provocación y el llamar la atención que la propia información, de ahí que este deporte y todo lo que rodea se haya “salvamenizado” (palabro que me acabo de inventar para hacer una semejanza con programa de Tele 5 Sálvame) y caer en la tentación de sacar los “trapos sucios” que no lo que de verdad le interesa al verdadero aficionado al fútbol.

Imagino que ya se habrán dado cuenta que me refiero a las tertulias nocturnas televisivas: Tiki-Taka (Mediaset) y El Chiringuito (Atresmedia), esta última la herencia de Punto Pelota (Intereconomía). No es mi intención en este post referirme a la información como tal, sino a cómo es tratada, y el hecho de que, como en las guerras, tengan que haber vencedores y vencidos. Debo reconocer que algunas noches de insomnio me he permitido el lujo de sufrir viendo, y lo digo como siento, un espectáculo dantesco donde se estilan las broncas, los gritos, las provocaciones, seudoamenazas… En fin: un mal estilo del periodismo deportivo, o al menos de lo que yo entiendo con esta bendita profesión.

¿Hay que llegar a estos extremos para empatizar con el aficionado? ¿Tanto ha cambiado el periodismo que es la única manera de entenderlo? Si hace unos años, un lunes, una persona acudía a su trabajo para hablar de lo que ha hecho su equipo, ahora el partido ha quedado a un segundo o tercer plano y ya se habla en otros términos.

¿Viste anoche en tal cadena lo que dijo fulano? Si es que tiene toda la razón, hombre. El ‘hijoputa’ del árbitro nos perjudicó porque no fue penalti. Además, el periodista, encima, le defendía. Vaya atajos de ignorantes. Cuando le vea por la calle le voy a decir cuatro cosas”.

Evidentemente lo descrito anteriormente es una simulación y con cierta educación, porque el lenguaje usado es mucho más duro y con un léxico más barriobajero. Hemos llegado a un punto, no sé si de no retorno, pero la información deportiva ya no es lo que era. Tampoco la prensa escrita se salva. Y lo digo hoy 3 de mayo,  que es el día Mundial de la Libertad de Prensa. Como periodista también tengo derecho a expresarme y dar mi opinión de cómo se trata la información, algo que a día de hoy se asemeja a la prensa amarilla que al verdadero periodismo deportivo.

No solo en televisión hay broncas con el “enemigo”. En la prensa escrita también existen rincones en los que algunos se desahogan.