A Dios rogando…

…Y con el mazo dando. Una frase tan popular del refranero español es lo único que se me ocurre en estos momentos para calificar la inapropiada reflexión que realizó ayer el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, en la homilía del funeral de Adolfo Suárez, el primer presidente del Gobierno de España tras cuarenta años de dictadura en este país. Hoy todavía resuenan los ecos de una expresión que, para mi, no hace más que avivar el fuego de una llama que creíamos apagada sobre uno de los acontecimientos más penoso: la Guerra Civil.

Rouco Varela, en el funeral de Adolfo Suárez. Foto abc.es

El prelado no tuvo mejor ocurrencia que rememorar viejos fantasmas para engrandecer la figura de Suárez y la importancia de éste en la vida política nacional, refiriéndose a “aquella España que, con sus jóvenes, quería superar para siempre la Guerra Civil”, añadiendo seguidamente, “los hechos y las actitudes que la causaron y que la pueden causar”.

Sinceramente, ¿hay motivos para pensar que una desgracia como la que ocurrió hace setenta y ocho años pueda volver a ocurrir? ¿Qué se le pasó a este buen hombre por la cabeza para recordar uno de los hechos más lamentable de la historia más reciente?

Desconozco -aunque no pondría la mano en el fuego- si esas palabras lanzadas por el ex presidente de la Conferencia Episcopal Española no sería un argumento banal para celebrar el 75 aniversario del final del este trágico episodio. Esta mañana oí al historiador Emilio Lledó en la Cadena SER decir que, cuando tenía once años, vio en Madrid la entrada triunfal de los Nacionales una vez que se había dado por finalizada la guerra, y recuerda aún cómo este desfile lo abría un cura que portaba una gran cruz. Iglesia, Guerra Civil, ¿casualidad?

Rouco Varela me recuerda la figura de un anacoreta, y su mensaje está más que desfasado. La iglesia española siempre se sirvió y se aprovechó del Régimen, o mejor dicho, los más férreos defensores veían como ese mensaje tan hipócrita les venía como anillo al dedo. ¿Cómo es posible que en un país laico siga prevaleciendo aún las conductas impropias de una organización y los comentarios de quiénes la representa? Eso sí. Los únicos que siguen viendo que lo que dice la Iglesia va a misa son los mismos. Lo que si deseo es que ese presagio que ha tenido el cardenal arzobispo nunca llegue a producirse.