House of Cards: Como la vida misma

Hace algunas semanas hice una pequeña y particular incursión en la crítica cinematográfica con la película Ocho apellidos vascos, y la verdad es que me sentí muy cómodo exponiendo mis gustos sobre la cinta, obra que se ha convertido en la más taquillera de cine español. Hoy quiero dar un paso más y argumentar mi parecer de una serie que está rompiendo moldes: House of Cards.

Cierto es que hasta un par de meses no sabía que existía. La profesora Sonia Blanco (de la que ya he comentado en más de una ocasión en este blog) nos ha hablado durante sus clases  de esta singular serie y de la plataforma en la que estaba siendo emitida. Al igual que no sabía nada de la serie, también desconocía que era Netflix y, sinceramente, ambas cosas han sido un descubrimiento muy especial para mí. Decir que Netflix, en pocas palabras, es un portal de internet en el que se pueden ver series a demanda. Es decir: todos los capítulos de la serie en cuestión están a disposición del abonado y, si quiere ver uno, dos o tres del tirón lo puede hacer, o como si quiere visionarse toda la temporada de principio a fin si levantarse del sofá. En España sólo la podemos ver por Canal+.

He de decir que la serie que protagoniza Kevin Spacey ha cubierto todas las expectativas que tenía sobre ella. Sin destripar el argumento, no se puede negar que es un puro retrato de lo miserable que puede ser la política, la ambición y el poder. Todo tiene una relación considerable cuando, capítulo a capítulo, se entrelazan tramas que nos hacen mantenerla tensión.

Salvando las distancias, House Of Cards nos puede dar una aproximación muy exacta de nuestra política, la más doméstica que tengamos o bien desde el prisma que el lector quiera. Imagínense a Bárcenas, los EREs, el intento de la privatización sanitaria, Gürtel o la propia Operación Malaya, cualquier caso de corrupción elevado a la máxima potencia, y todo, con los tres elementos principales citados con anterioridad.

También es cierto que la serie aporta una visión -y con la que el espectador debe hacer su propia crítica- en que la corrupción es algo que se da por hecho, que se justifica, y que cualquier elemento es válido para conseguir lo que uno se proponga. En definitiva, que un personaje de perfil bajo sea capaz de lograr todo el poder a base de mentiras, engaños y manipulación. Créanme: como la vida misma.

El otro fútbol

Me van a permitir cierta libertad para expresarme en este mi rincón y proponerles un tema a debate: el fútbol. Pero no el fútbol como deporte -que a día de hoy tiene menos de deporte y más de espectáculo-, sino como léxico, como manera de acercarse a las masas aumentando con ello el gen de ese mal llamado “opio del pueblo”, y más ahora cuando muchos ciudadanos de este país están pasando penurias que el balompié es capaz de aliviarlas a límites insospechados.

El periodismo deportivo ha cambiado notablemente, y ya no es lo que era. No hay más que echar un vistazo a la televisión, oír los principales programas de radio y leer la prensa escrita generalista para darse cuenta que el fútbol vende mucho más de lo que muchos nos imaginamos. Ahora ya no se habla ni se dialoga; ahora se discute, y todo provocado por ese lenguaje que esbozan los medios de comunicación. Hoy día prima más la provocación y el llamar la atención que la propia información, de ahí que este deporte y todo lo que rodea se haya “salvamenizado” (palabro que me acabo de inventar para hacer una semejanza con programa de Tele 5 Sálvame) y caer en la tentación de sacar los “trapos sucios” que no lo que de verdad le interesa al verdadero aficionado al fútbol.

Imagino que ya se habrán dado cuenta que me refiero a las tertulias nocturnas televisivas: Tiki-Taka (Mediaset) y El Chiringuito (Atresmedia), esta última la herencia de Punto Pelota (Intereconomía). No es mi intención en este post referirme a la información como tal, sino a cómo es tratada, y el hecho de que, como en las guerras, tengan que haber vencedores y vencidos. Debo reconocer que algunas noches de insomnio me he permitido el lujo de sufrir viendo, y lo digo como siento, un espectáculo dantesco donde se estilan las broncas, los gritos, las provocaciones, seudoamenazas… En fin: un mal estilo del periodismo deportivo, o al menos de lo que yo entiendo con esta bendita profesión.

¿Hay que llegar a estos extremos para empatizar con el aficionado? ¿Tanto ha cambiado el periodismo que es la única manera de entenderlo? Si hace unos años, un lunes, una persona acudía a su trabajo para hablar de lo que ha hecho su equipo, ahora el partido ha quedado a un segundo o tercer plano y ya se habla en otros términos.

¿Viste anoche en tal cadena lo que dijo fulano? Si es que tiene toda la razón, hombre. El ‘hijoputa’ del árbitro nos perjudicó porque no fue penalti. Además, el periodista, encima, le defendía. Vaya atajos de ignorantes. Cuando le vea por la calle le voy a decir cuatro cosas”.

Evidentemente lo descrito anteriormente es una simulación y con cierta educación, porque el lenguaje usado es mucho más duro y con un léxico más barriobajero. Hemos llegado a un punto, no sé si de no retorno, pero la información deportiva ya no es lo que era. Tampoco la prensa escrita se salva. Y lo digo hoy 3 de mayo,  que es el día Mundial de la Libertad de Prensa. Como periodista también tengo derecho a expresarme y dar mi opinión de cómo se trata la información, algo que a día de hoy se asemeja a la prensa amarilla que al verdadero periodismo deportivo.

No solo en televisión hay broncas con el “enemigo”. En la prensa escrita también existen rincones en los que algunos se desahogan.

¿Hasta dónde puede llegar la imaginación de los políticos? O asesores, perdón

Sin que sirva de precedente, vamos a jugar a la política ficción, término que más de una vez he oído en mi vida y no logro ponerle nombre a quién lo dijo. Ahora que está próxima las elecciones europeas, ¿se imaginan que un actor o actriz tipo Schwarzenegger, Tom Cruise o Sharon Stone pidiendo el voto para Cañete (PP) o Elena Valenciano (PSOE)? No le den más vueltas a la cabeza más porque puede producirse. Les pongo en antecedente. Este artículo que he leído en Marketin Directo prueba que ideas como estas pueden llevarse a cabo. Angela Merkel no ha tenido una mejor ocurrencia para llamar la atención de los electores germanos, que los dobladores de Bruce Willis y Julia Roberts sean los que pongan las voces para pedir el voto para la formación de esta mujer que, más que gobernar su país, se ha hecho con el dominio del resto de Europa, incluida España.

Reconozco que la idea, más que ingeniosa, es malévola, y es que todavía hay gente que es capaz de creer que estos personajes se prestan a ello. Dicen los que están al día de la política que las elecciones europeas que se celebrarán a finales de mayo será la que más abstención tenga de todas las que se han celebrado hasta el momento. ¿Razón? El descontento del pueblo llano con quién nos gobierna, de ahí que se tengan que inventar acciones de este tipo para llamar la atención del votante.

Traslademos esa idea a nuestro país y juguemos a formar parejas; personaje relevante con el político de turno pidiendo el voto a esas criaturas que acuden a espacios destinados para tal fin.

Miguel Arias Cañete (PP) vs Arnold Schwarzenegger.
Elena Valenciano (PSOE) vs Bruce Springsteen.
Willy Meyer (IU) vs Fidel Castro o su hermano Raúl.
Pablo Iglesias (Podemos) vs Hugo Chavez (DEP) o en su defecto, Nicolás Maduro.
Hervé Falciani (Partido X) vs Julian Assange.
Elpidio José Silva (Movimiento RED) vs Baltasar Garzón. (Entre jueces anda el juego)

Esto ha sido una pequeña licencia que me he permitido sin querer molestar a nadie, pero como está el patio, mejor tomarse este tipo de historias con algo de filosofía. Con esto, lo único que quiero decir es que la imaginación no tiene límites, y cualquier cosa es buena para intentar llegar a un electorado que cada día que pasa cree menos en la clase política, sobre todo en una época en la que aparecen nuevos partidos y formaciones hasta debajo de las piedras. Para las próximas elecciones europeas, nada menos que cuarenta y un partidos y coaliciones se presentarán en busca de una representación parlamentaria en el espectro continental; desde los tradicionales hasta los inimaginables. Si no me creen, échele un vistazo al BOE como servidor ha hecho para lograr sacar algunos de los nombres que he detallado en la pequeña relación que realizado con anterioridad.

La muerte de García Márquez hace revivir su figura

De todo lo que he leído durante las últimas 24 horas de la muerte de Gabriel García Márquez, me quedo con el tuit que escribió anoche la presentadora del noticiero de Antena 3, Mónica Carrillo, y que decía: Morir un Jueves Santo, en la calle Fuego, en San Ángel. Y con 87. Literatura pura. Mejor no se puede describir la figura de un genio que lo ha sido todo, y como me gusta decir, también fue lo que quiso.

Gabriel García Márquez. Foto: elmundo.es

Admito que descubrí a García Márquez bien entrado en la adolescencia gracias a la película Crónica de una muerte anunciada. La cinta me llevó con tiempo a leer el libro, y, como suele pasar, la publicación me gustó bastante más que la filmación, y que disfruté en uno de los ciclos de verano en la sala del Instituto Río Verde de Marbella, un cine a la antigua usanza en el que para aliviar el calor del verano hacían funcionar vetustos ventiladores que no hacía más que remover el aíre caliente que se acumulaba en la sala.

Debo reconocer que el escritor y periodista colombiano no ha sido de mis autores preferido. En mi biblioteca sólo dispongo del título que cité anteriormente, y todo porque me dejo llevar más por las críticas negativas de algunos de sus volúmenes que por el sentimiento que, de verdad, despertó en mi Gabo. Seguro que mi próxima visita a la librería de cabecera me llevará directamente a los libros de García Márquez, y caeré en la tentación de comprar algún libro para completar los escasos huecos que aún quedan en las repisas en los que reposa mi particular biblioteca.

Otro de mis recuerdos del genial escritor lo tengo de la visita que realicé con mi mujer en abril de 1998 en su casa de Cartagena de Indias (Colombia), vivienda que, según nos comentaron sólo la utilizaba en sus periodos vacacionales; reuniones con amigos entre los que se encontraban escritores y políticos principalmente.

Gabriel García Márquez ha dejado este mundo, pero en él ha dejado un legado del que muchos debemos aprender el verdadero significado que tiene la literatura, sobre todo de un personaje que, por encima de todo fue periodista, profesión que en estos momentos de confusión está más viva que nunca. DEP.

¿Sabe Mariló Montero diferenciar la sátira de la crítica constructiva?

Pongámonos en antecedentes. Cierto que la presentadora de La Mañana de RTVE es capaz de derrochar amor y odio a partes iguales, comentarios que serán buenos, malos o regulares; según a quién se le pregunte. Debo decir que no soy un asiduo a su programa, y cuando lo veía, siempre hacía coincidir la puesta en marcha de esa caja tonta (cada día menos tonta porque algunas tienen hasta Internet) con la hora de la receta de cocina. Hasta ahí vamos bien, sobre todo cuando en los programas de zapping no había día que no sacaran algunos de sus comentarios porque no era capaz de diferenciar lo que la periodista decía con lo que quería interpretar. Es decir: hago un comentario sin tener en cuenta la repercusión que puede tener, como aquello que dijo que si en el órgano vital de la persona estaba también su alma.

Mariló Montero, en el plató de La Mañana. Foto: dclm.es

Me ha llamado la atención este artículo publicado por Europa Press en el que dice: Mariló Montero emprende acciones legales contra ‘El Mundo Today’ por injurias. El artículo de El Mundo Today es para echar unas risas y poco más, sobre todo cuando los autores son capaces de sacar a relucir todo el sarcasmo para mofarse hasta de su propia sombra. Reconozco que para gustos están los colores, y a muchos les gustará más o menos este tipo de comentarios.

La otra viene de Elsa López, miembro del consejo editorial de La Opinión de Tenerife. En el artículo (de opinión) le da hasta en el carné de identidad, y es que la escritora hace un dibujo muy real del personaje que ha sido capaz de crear Mariló Montero en televisión, al menos de lo que he observado cuando he visto su programa.

No quiero utilizar este blog para desprestigiar a una persona que no conozco de nada ni tampoco entrar a valorar las descalificaciones que utiliza Elsa López con la presentadora. A estas alturas de la película, Mariló sólo es capaz de analizar las críticas y la sátira como algo que va en su contra, pero bien podría mirarse el ombligo echando la vista atrás para analizar los errores que ha cometido y que, a esos ataques, de la única manera que quiere contrarrestarlo es a través de las acciones legales y judiciales.

García y De la Morena: La guerra de la radio deportiva ha terminado

Casualidad o no, el caso es que días antes de que se cumpliera el 75º aniversario del final de la Guerra Civil española se conoció a través de una entrevista que le realizaron a José María García en la web Sportyou que su relación con José Ramón de la Morena no era la misma; es decir, que han hecho las paces.

Para los que amamos la radio, y especialmente la que se dedica a la información deportiva, es un hecho histórico, sobre todo cuando durante dos décadas han mantenido algo más que diferencias en la medianoche. De momento no hay nada que prueben los hechos, tan sólo las palabras de García. Ahora la paz debe perdurar en el interior de ambos y saber el daño que pudieron hacerse. Seguro que un abrazo o un apretón de manos ha curado todas las heridas en caso de que aún perduren.

A Dios rogando…

…Y con el mazo dando. Una frase tan popular del refranero español es lo único que se me ocurre en estos momentos para calificar la inapropiada reflexión que realizó ayer el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, en la homilía del funeral de Adolfo Suárez, el primer presidente del Gobierno de España tras cuarenta años de dictadura en este país. Hoy todavía resuenan los ecos de una expresión que, para mi, no hace más que avivar el fuego de una llama que creíamos apagada sobre uno de los acontecimientos más penoso: la Guerra Civil.

Rouco Varela, en el funeral de Adolfo Suárez. Foto abc.es

El prelado no tuvo mejor ocurrencia que rememorar viejos fantasmas para engrandecer la figura de Suárez y la importancia de éste en la vida política nacional, refiriéndose a “aquella España que, con sus jóvenes, quería superar para siempre la Guerra Civil”, añadiendo seguidamente, “los hechos y las actitudes que la causaron y que la pueden causar”.

Sinceramente, ¿hay motivos para pensar que una desgracia como la que ocurrió hace setenta y ocho años pueda volver a ocurrir? ¿Qué se le pasó a este buen hombre por la cabeza para recordar uno de los hechos más lamentable de la historia más reciente?

Desconozco -aunque no pondría la mano en el fuego- si esas palabras lanzadas por el ex presidente de la Conferencia Episcopal Española no sería un argumento banal para celebrar el 75 aniversario del final del este trágico episodio. Esta mañana oí al historiador Emilio Lledó en la Cadena SER decir que, cuando tenía once años, vio en Madrid la entrada triunfal de los Nacionales una vez que se había dado por finalizada la guerra, y recuerda aún cómo este desfile lo abría un cura que portaba una gran cruz. Iglesia, Guerra Civil, ¿casualidad?

Rouco Varela me recuerda la figura de un anacoreta, y su mensaje está más que desfasado. La iglesia española siempre se sirvió y se aprovechó del Régimen, o mejor dicho, los más férreos defensores veían como ese mensaje tan hipócrita les venía como anillo al dedo. ¿Cómo es posible que en un país laico siga prevaleciendo aún las conductas impropias de una organización y los comentarios de quiénes la representa? Eso sí. Los únicos que siguen viendo que lo que dice la Iglesia va a misa son los mismos. Lo que si deseo es que ese presagio que ha tenido el cardenal arzobispo nunca llegue a producirse.

¿Qué es una marca personal?

El tiempo nos hace dar pasos agigantados sobre lo que uno quiere o pretende ser en la vida. Sin que nos demos cuenta, estamos creando nuestra marca personal, esa señal de identidad que nos distingue hacia los demás; la imagen que tienen de nosotros los que tenemos enfrente.

Pero, ¿qué es una marca personal? Sinceramente no tendría argumentos para dar respuesta a una pregunta tan abierta y que puede tener muchos significados. Gracias a Asela Pintado, persona a la que he hecho referencia alguna vez en este humilde rincón de pensamiento, hay muchas formas de definir la cuestión lanzada, pero en este vídeo hay algunas ilustraciones que nos llevaría a encontrar -si es que lo hubiera- dar justificación a esta pregunta.

En nuestra marca damos rienda suelta a todo lo que somos, y hasta nuestros egos salen a relucir en algo tan aparentemente ambiguo. Enrique Dans va un paso más allá, y en vez de aplicar una definición concretar, es capaz de dar rienda suelta a su imaginación y confeccionar una serie de parámetros para que cada uno saque sus propias conclusiones.

Alfonso Alcántara, creador de Yoriento, es capaz de introducirse en campos tan lejanos para muchos con tal de aplicar una razón a lo que cada puede hacer con su propia  gestión. Las nuevas tecnologías han abierto muchas puertas para encontrar el verdadero ser de cada individuo, pero esas herramientas no están siendo aprovechadas como se debiera. En la Red somos capaces de sacar a relucir un yo tan irreal que no somos capaces de hacer y decir lo que desparramamos en una autopista donde todo cabe que delante de la gente que más nos interesa.

No sé si la reflexión de hoy ha servido para aclarar la pregunta que hacía al principio, pero a mí me ha ayudado. La conclusión de lo que es marca personal la resumiría en seis palabras: Es lo que uno quiere ser.

Ocho apellidos vascos, y el cine español

No puedo negar que ayer me divertí como un niño viendo la película Ocho apellidos vascos. La sala estaba casi llena pese a que lleva una semana en cartelera. Más que por la promoción en sí, el éxito se debe fundamentalmente al boca a boca. Desde que se estrenó, ha sido raro el día que no me haya cruzado con alguien o haya oído a terceros hablar la misma, y todos esos comentarios han sido totalmente positivos.

La historia, a mi entender, hace una crítica profunda a las etiquetas y estereotipos que hasta hace poco teníamos de nosotros mismos. Un argumento valiente, seguro, y que es capaz de echar por tierra todas esas comparaciones que nos hacían a unos mejores que otros. Ese mensaje, al menos en la sociedad, creo que ha cambiado, salvo cuando unos cuantos quieren hacernos a entender que lo mejor para salvaguardar la patria es la unidad, pese a que provoque el efecto contrario.

Lo más significativo del mensaje que la historia quiere trasladar es que se hace con un humor inteligente, con gracia, y que no molesta a nadie. Al menos, a día de hoy, no me he encontrado con ningún vasco (y cada día me cruzo con unos cuantos) que le haya molestado ese papel que se difunde. Ni yo como andaluz, tampoco, porque ambos conceptos están tan exagerado que provoca nos riamos de todo.

Creo que es la primera vez en mi vida que hago crítica a una película, y me he sentido tan a gusto que no descartaría volver a repetir la experiencia. Con esto no quiero decir me vaya a dedicar a esto de hacer comentarios para que otros tomen nota y me hagan caso. La crítica está en cada uno y en como quiera gestionar sus gustos. Ante todo respeto. Cuando uno va al cine a ver una película lo hace por gusto, y no por obligación. Alguna que otra vez he leído críticas de películas que luego me han parecido todo lo contrario. Con esto no quiero decir que lo haya descrito en este post sea doctrina. Ni mucho menos. Ha sido una visión muy particular de una película con la que me he divertido como hacía tiempo que no lo hacía. Ahora, para gustos, los colores, y estos son los míos.

La evidencia la pone la imagen

No voy a negar que me haya pillado por sorpresa ver esta fotografía que ilustra el post de hoy. He llegado a la misma a través de El Huffinton Post, titulando en su portada: La foto de la discordia. El motivo ha sido las burlas que están inundando las redes sociales por dicha instantánea, y he de decir que me han venido vagos recuerdos de cuando España estaba bajo la batuta de una dictadura, y de un “gobernante” que siempre se reunía allá por donde iba con el obispo de turno, el máximo responsable de la Guardia Civil del lugar y algunos de sus más fieles seguidores. Me ha recordado que vivimos en un país que ha recuperado su espíritu más rancio de la historia más reciente; de una España casi olvidada por muchos y que algunos quieren mantener viva una pequeña llama con actuaciones que no se sostiene.

Jorge Fernández Díaz, con pala en mano, rodeado por miembros de la Guardia Civil y la Iglesia. Foto: eldiario.es

Una vez aprendí de Asela Pintado, experta en comunicación e imagen del líder, que no sólo lo que dices va a calar en la sociedad, sino en cómo lo dices y de qué manera lo dices. La imagen que se muestra abarca estos dos últimos estilos. Hay muchas formas de colocar la primera piedra de algo que se va construir, pero más que una piedra, para el ministro Jorge Fernández Díaz es la china en el zapato, que desconozco si le incomodará o no, pero que a la sociedad le ha hecho recordar viejas costumbres, y que podría ser un paso más a un nuevo paradigma que muestra un retroceso en las costumbres y en la modernidad.

Pero a la historia de esta foto habría que sacarle un poco más de punta. Lo peor (al menos para mi entender) es que la misma ha sido publicada y distribuida por el Ministerio del Interior. Este mismo ministerio fue el que la ‘cagó’ (y perdónenme la expresión) cuando lanzó un comunicado de prensa antes de que la Guardia Civil realizara una actuación para detener a unos cuantos etarras. Como diría un clásico: Así nos luce el pelo.